El automóvil como fuente de inspiración de dichos refranes

EL AUTOMÓVIl COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN DE DICHOS Y REFRANES
Antonio Itriago M.

Son muchos los refranes, dichos, frases o sentencias que tienen su origen en el automóvil o en los conductores. En la Fórmula 1, cuando un piloto está a punto de llegar a la meta, pero es superado por otro conductor en la rayita, o si el bólido sufre algún percance, los comentaristas deportivos recuerdan a Juan Manuel Fangio: Para llegar primero; primero hay que llegar.

También Ayrton Senna dijo algo muy cierto: El segundo es el primero de los perdedores. Aunque es a Enzo Ferrari Il Comendatore, a quien se atribuyen más frases célebres, entre ellas: Cuando usted compra un Ferrari, está pagando por el motor. El resto se lo doy gratis.

A los venezolanos no hay quien nos supere en materia de refranes. Mi distinguido amigo y colega, Carlos Irazábal Arreaza, desde hace años publica en las redes una sección diaria, con tres refranes y tres citas, laboriosamente seleccionados. El sector de los automóviles ha sido fuente constante de inspiración en el país. A continuación, algunos dichos y refranes criollos:

¡Arranca, Berroterán! Esta expresión “se usa en Venezuela para indicarle a quienes nos acompañan la urgencia de irse de un lugar por cualquier razón, ya sea el sitio peligroso, la reunión esté fastidiosa, aparezca alguna persona molesta cuya compañía es indeseable, o se forme un pleito en el lugar...”. (Portal tuBabel.com). El ex presidente Luis Herrera Campins nada tuvo que ver con dicha expresión e incluso, una vez declaró que jamás contrató a un chofer de apellido Berroterán. No obstante, se ha convertido en un interesante venezolanismo.

¿Te crees Fangio? Referencia al citado y legendario piloto argentino, ganador de 5 títulos mundiales en la Fórmula 1; quien corrió varias veces en Venezuela y hasta dio una vuelta en Los Próceres, con el general Marcos Pérez Jiménez, en un Mercedes 300 SL.

Con el tiempo, se agregó un dicho similar: ¿Te crees (un) Fittipaldi? Emerson Fittipaldi es un ex corredor brasileño, dos veces ganador en la F1 y también (entre otras competiciones) en las 500 Millas de Indianápolis. Nos visitó hace unos años, invitado por la GM. Algunos atribuyen esta referencia a una cuña que el corredor realizó para una bebida achocolatada. Es interesante observar, que hoy día se escuchan poco los refranes o frases que vinculan la velocidad de una persona con algún piloto de la F1. En todo caso, podrían actualizarse agregando otros dichos, como por ejemplo: ¡Te crees Schumacher! –el malogrado piloto alemán, ganador de siete campeonatos mundiales–; o mencionando a Fernando Alonso, corredor muy querido en el país y no solo por los españoles, y con el mismo número de premios en la F1 que el brasileño.

Bota la segunda. Manera despectiva de referirse a un hombre con gestos amanerados. Las cajas de velocidades de los carros, por problemas técnicos, falta de lubricación o como consecuencia de impactos, sueltan –aunque cada vez menos¬– la segunda velocidad (u otras); y al hacerlo, quedan en neutro. Esa falla era más frecuente en las décadas del cincuenta o sesenta, quizás porque la segunda también era utilizada para poner el vehículo en movimiento o mantenerlo frenado en bajadas pronunciadas. La expresión bota la segunda, tiene sus equivalentes también en el campo automotor y en el mismo sentido: Pasa aceite, tiene las bujías enchumbadas; a ese como que le midieron el aceite por otro lado; se le invirtieron los cables; y le fallan todas las velocidades, menos el retroceso.
¡Me pasó como a 60! Ya en desuso. Se entiende en millas.
Le falta una tuerca. Pare referirse a una persona alocada.
Está descarriado. Es decir, que no está por el camino correcto o hace mal las cosas.
A full chola (métele chola, dale chola, dale chancleta): Acelera rápido.
Parece un mosquito con parabrisas: Tiene unos lentes muy grandes.
Está espichao; vale decir, alicaído.
Clavó los frenos: Interrumpió bruscamente lo que venía diciendo. También: ¡Y se paró
en seco!, que proviene de un comercial.
Supositorio de gandolas: Un carro muy pequeño.
Mamando volante: Persona dedicada intensamente a una actividad.
Se le quemó un fusible. Equivale a decir: Hace cosas incoherentes.
Está emprimerado o “emprimerao”. Lento, pesado, sin iniciativa. Puede tratarse de algo pasajero; a diferencia de vive emprimerado, que denota permanencia.
A ese hombre puedes comprarle un carro usado: Una persona de confiar.
¡Es un Rolls! Una maravilla.
Manda más que un dinamo: Vive dando órdenes, incluso sin estar facultado para hacerlo. En realidad es “una dinamo”; aunque también se usa: un/una dínamo.
Se sacó la licencia en una caja de ACE: No sabe conducir. Ese polvo para lavar venía en unas cajas (no en bolsas, como ahora), las cuales en una época traían premios, especialmente unas tazas plásticas marca Melmac, que algunos todavía conservan.
Está pistoneando. De acuerdo con el diccionario de la lengua española, dicho de un motor de explosión: Funciona mal y ruidosamente por fallo en la combustión. Es utilizado para referirse a alguien que de pronto comienza a dudar, olvidó lo que quería expresar, perdió el hilo o se contradice.
Ese no matricula este año o para el próximo año: Se ve muy mal.
Más hipócrita que saludo de alcabala. Se aplica a quienes se desplazan “a millón” por las carreteras, pero se detienen en seco cuando ven una alcabala; saludan en tono respetuoso al guardia y arrancan de nuevo, picando cauchos. El guardia vio y hasta escuchó que venía “pirado”, pero lo deja pasar porque reconoció su autoridad.
Le echó un carro. Equivale a “lo embarcó”.
Más rápido que un Ferrari. Persona rápida para muchas cosas, no solo conduciendo. Si es lenta: Se duerme en las subidas.
Levanta más que una grúa. Persona llamativa, especialmente por el físico.
Se pasó de la raya. Fue muy lejos; se excedió.
No se montó en ese autobús. Lo dejó el tren: Dejó pasar una oportunidad.
Más tieso que chofer de carro fúnebre. Así son muchos conductores de estas unidades, por respeto a quien transportan y a los deudos. Equivale a: Engominado.
Tiene un tornillo flojo (o una tuerca): Dice disparates.
Mujer, libro, revólver y carro, no se prestan. En ese orden.
Con el pie en el estribo. Los vehículos de cierta altura tienen estribos, los cuales cumplen la misma función que los estribos clásicos, es decir, los que se colocan a los caballos. El dicho se aplica a quien está a punto de marcharse, incluso de este mundo. En este último supuesto, también es frecuente: Cogiendo pista (muy enfermo y pronto a despegar).
¿Vas a cambiar carro por bicicleta? Un pésimo negocio. Equivale a: ¿Vas a cambiar zapato por alpargata?
Pepón (carro) grande aunque no ande. Preferencia por los vehículos de gran tamaño, pues son más seguros; aunque ahora existen carros pequeños con infinidad de mecanismos de seguridad. También, por la comodidad que ofrecen los vehículos con gran tamaño; aunque esta es relativa, pues sus retrovisores son blancos de los motociclistas (quienes de paso, además de chocarlos, lanzan improperios a los conductores). Además, los pepones resultan difíciles de estacionar y no son bien recibidos en los estacionamientos.
¡Cuidado con el cardán! ¡Que no se le dañe el cardán! En tono jocoso, lo dice la esposa al médico que va a operar a su marido (naturalmente, de algo leve, pues de no ser así, el dicho estaría totalmente fuera de lugar). También: Se le cayó el cardán. Se trata de una pieza mecánica, que transmite el movimiento de rotación desde un eje conductor a otro (conducido), a pesar de no encontrarse alineados.
Lo bautizaron con agua de batería. Se le decía a los calvos. Hoy día no se entiende del todo, pues las baterías vienen selladas. Antes traían unos pequeños tanques, que en los primeros tiempos se llenaban con un ácido y luego con agua destilada.
Cuida más a ese viejo carro que a su mujer. Esas cosas ocurren.
El golpe avisa. Con mucha vigencia, aunque ahora inventaron sensores o radares para el retroceso.
Se-te-cayó-el-tetero. De la lista, son las únicas e incoherentes palabras que a modo de corneta dice el propio carro; aunque sea el conductor quien oprima el botón para activar dicho sonido. Ya no se consigue, como tampoco la corneta que imita el mugido de una vaca.
Le metió la mocha: Le puso interés al trabajo; Ahora sí lo hace con energía; aunque también tiene otras connotaciones. La mocha o reductora era una pequeña palanca, ubicada al lado de la palanca de velocidades. Ahora es un simple botón.
Tiene un faro apagado –tuerto–.
No he cogido mínimo. Tengo que coger mínimo. Equivale a decir: Todavía no estoy listo para comenzar o hacer algo.
Tengo mi caucho (o cauchito) k. Novio o novia –o amante¬– de repuesto, por si las moscas.
Me pusieron mi techo de vinil,  se puso techo de vinil. Hasta mediados de los ochenta, algunos carros traían el techo forrado con vinil, generalmente de color negro, que resaltaba mucho del resto de la carrocería. Por ejemplo, el Century, y el Cougar, en Venezuela. De allí que si un hombre se pintaba el pelo, se daba cierto aire a dichos automóviles. Cuando el vinil era colocado posteriormente a la adquisición del vehículo, la mala calidad del trabajo resaltaba en contraste con el resto del automóvil.
Se mueve más que carro en autocine. Hay que lubricar esa relación. No necesitan comentarios.
Es un carrito chocón: Mal conductor; vive chocando. Los más conocidos fueron los carritos chocones del Coney Island. Luego se extendieron a varios parques para niños en el país.
Resbaladiza cuando húmeda (doble sentido de la clásica señal de tránsito).
Voy a cambiarle el agua al radiador: Voy al baño.
Lo reencaucharon. En desuso, aunque por lo visto, ahora volveremos a la época en la cual los cauchos eran llevados a reencauchar. En ese entonces los devolvían nuevecitos, con una banda de rodamiento similar a la original, que los camioneros dejaban como recuerdo en las carreteras. Se dice de una persona que se hizo algún tratamiento estético.

A rin pelao…  sin comentarios.

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