Palabras de
Francisco Herrera Terán
Vicepresidente
Francisco Herrera Luque Foundation
Miami, 4 de mayo, 2017

Antes de darle la bienvenida, considero importante reconocer que estamos viviendo momentos históricos y trascendentales en Venezuela, y que la sangre que hoy se derrama en busca de democracia y libertad, dista mucho para celebraciones. Es innegable que estamos viviendo una transición dolorosa hacia un nuevo país, con valores y principios más sólidos. Por eso, está inauguración, además de temperada y formal, era inaplazable. No solo por el tiempo y esfuerzo que venían aportando en este proyecto un número importante de colaboradores aquí presentes –a quienes agradecemos profundamente su apoyo- sino porque la Fundación también tiene la obligación moral de dar apoyo a la lucha democrática en Venezuela.

No deseo valerme de expresiones que pueden sonar almidonadas y poco ajustadas a la personalidad vivaz, mordaz e irreverente de mi padre. Muchos de ustedes conocieron su verbo y sus ideales, razón por la cual me siento conmovido por las expectativas que la audiencia centra en mis palabras. Sin embargo, estoy ante un compromiso ineludible, que debo asumir en nombre de mi madre y mi familia.

Mi padre era un hombre que conjugaba palabras y acciones que él prefería dirigir hacia la colectividad, el pueblo y la juventud como un ejercicio de proyección de los valores y tradiciones que fueron inculcados en él. La medicina fue su amor; la literatura y la historia, su pasión; las artes, lo emocionaban; la política, lo frustraba. Exacerbaba la necesidad de la lectura hasta el punto de ofrecerme de niño diez bolívares por cada libro que leyera, el cual debía después narrárselo. Un día, me encontró husmeando su biblioteca atascada de novelas, enciclopedias y libros de psiquiatría y me dijo: "Puedes leer todo lo que quieras de aquí". Esa noche, al llegar a la casa, me armó un zaperoco porque me encontró leyendo los cuentos del Marques de Sade.

Fue un hombre ufano y ocurrente, aunque, de vez en cuando, dejaba advertir una percepción sombría de la existencia. En cierta ocasión, haciendo pronósticos sobre el futuro político de Venezuela poco antes de morir, alguien le reclamó que era muy pesimista, a lo que él, con sarcasmo, respondió: "No soy un pesimista. Soy un optimista bien informado".

Su análisis de la historia de Venezuela –que no excluye a otros países latinoamericanos—lo llevó tempranamente a escribir en Los Viajeros de Indias: “El semen de España cayó sobre las indias, las negras, las españolas, sin importar que fuera caquetías, jirajaras, negras esclavas, hidalgas o aventureras. La sangre caliente no hizo distinción al elegir sobre quién debía caer la responsabilidad de echar a andar el mundo”.

Como dice su biógrafo, Roberto Lovera De Sola: “escogió la historia fabulada como método para iluminar la historia, para hacerla comprensible, y humanizarla”.

Por eso estamos aquí hoy: para utilizar su nombre y memoria con fines y objetivos muy claros que están dirigidos a los venezolanos y latinoamericanos que hoy hacen vida en esta gran nación. De alguna manera estamos haciendo un ejercicio de proyección de la labor que comenzó mi madre y un grupo de colaboradores hace 25 años, cuando se creó la Fundación Herrera Luque en Caracas. Es sorprendente la diversidad y el gran número de venezolanos que hoy se han comprometido con el país, en continuar una obra que conlleva una responsabilidad social y pedagógica transformadora.

La Francisco Herrera Luque Foundation no solo tiene como objeto dar a conocer y perpetuar la obra de mi padre como venezolano, sino también fomentar el desarrollo, el estudio y el análisis de las ciencias y las artes. Con ese claro objetivo, la Fundación promoverá la realización de simposios, conferencias, exposiciones; creará premios y –en la medida de lo posible-- financiará estudios o investigaciones cónsonas con el objeto de su creación, siempre dirigidos a enriquecer el acervo cultural venezolano y latinoamericano.

Mientras escribía Los Amos del Valle, subrayó en sus notas “El venezolano común y corriente es de un realismo atroz. Conoce a ciencia cierta nuestra realidad política. Sabe que la razón es siempre del más fuerte. El éxito injustificado de sus iguales lo hace retaliativo y peligroso. Es el momento en que más se aproxima a la insurrección, y en especial si su seguridad se angosta. El régimen de castas prosigue silenciado. El mejor antídoto es el conocimiento porque destruye mitos y recrea realidades que sí existieron”.

No quiero prolongar el inicio de este acto con más palabras. Debemos pasar a la acción, y espero que con el concurso de los presentes logremos mantener viva la memoria y obra de un hombre ejemplar que amó a su país y a su gente. Ese es nuestro compromiso y nuestra labor. ¡Ese es el ideal que hoy nos une!. ¡Acompáñennos a destruir mitos y recrear realidades!

Público asistente

En primera fila, a mano izquierda, Fanny Starosta, Eleonora Jaimes. 2da fila: Diana Lander. 3a fila, a la derecha: Angela Zago. En el fondo: Orlando Viera Blanco, Daniel Bottero y Carolina Llamozas.
Rafael Poleo. 2do Plano: Roger Martin e Yvone Prieto de Martin. Al fondo: Federico Vegas, Fernando Sucre y Francisco Llamozas.
5ª Foto: Luis Vivas Sardi, Napoleón Bravo, Gabriela Sánchez-Vegas
Francisco Herrera Teran y Gabriela Sánchez-Vegas
María Margarita Herrera y Mariana Herrera

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