HOMENAJE A FRANCISCO HERRERA LUQUE

HOMENAJE A FRANCISCO HERRERA LUQUE
En el marco de los 25 años de su fallecimiento

I.

El sábado 16 de abril y con una sala llena de amigos, María Margarita Terán, abrió el homenaje que por sus 25 años de fallecido le brindara a Francisco Herrera Luque la Fundación que lleva su nombre. Carmen Verde Arocha y Nicomedes Febres Luces tomaron la palabra para desde sus propias experiencias evocar a tan destacado escritor, psiquiatra y personaje público que dedicó sus conocimientos para y por los venezolanos.
Carmen Verde, conoció personalmente a Francisco Herrera Luque, como una joven estudiante de 5to. año de Letras en la UCAB, realizando su tesis de grado que consistía en un ensayo sobre La luna de Fausto y que terminó convirtiéndose en el libro: El quejido trágico en Herrera Luque. Tan sólo tuvo oportunidad de compartir con él durante 6 meses que describe con gran intensidad.

Su primera conversación con el escritor fue el 4 de octubre de 1990 y tenía como finalidad hacer una cita para conocerlo y presentarle su trabajo para realizar la tesis de grado a lo que él le responde: “La espero el 4 de octubre a las 5 en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos.” Ella comenta que quería preguntarle: ¿Doctor, que hora tiene su reloj?, para cronometrar el suyo y no llegar tarde. Él continuó: “Usted es puntual, usted es la última persona que quiero conocer, no quiero conocer a más nadie.”

Carmen Verde continúa sus vivencias personales: “Frecuentaba una soledad inhumana por elección propia, se sentía vulnerable ante la vida, sincero al extremo, de una franqueza en su palabra única parecía hundirse detrás de su vieja máquina de escribir, con sus lentes, soberbio, fumaba un cigarrillo detrás de otro. Mientras sus novelas, sus ensayos, viajaban por toda Venezuela, sumando lectores…

Le gustaba hablar con la gente sencilla, recuerdo que era amigo del muchacho del quiosco: “Aprovecho esta oportunidad para hablar con las personas, me gusta pasar inadvertido entre la gente humilde, aprendo de ellos, los descubro y me descubro. Yo soy psiquiatra y eso me ha permitido aprehender al mundo de manera distinta”…

Cuando lo conocí vivía un proceso de introspección, cada entrevista con él era una enseñanza sobre la vida, sobre lo humano, sobre el sufrimiento, sentía un gran respeto por su palabra. Había una verticalidad en su escritura, en sus acciones y en su manera de estar en el mundo. Era un hombre que buscaba, pero no en los libros, ni en el cielo, sino en su interioridad…

Así comenzó mi camino en la literatura, de la mano de Francisco Herrera Luque.”

II.

El Dr. Nicomedes Febres Luces, por su parte, es un médico psiquiatra como lo fue Herrera Luque y, desde ese punto de vista enfocó su ponencia: ¿Por qué somos cómo somos?, para mostrarnos a un hombre que nunca abandonó su profesión y que aún 25 años después de haber fallecido sus pacientes siguen diciendo: Él fue mi médico, yo lo quería mucho, me ayudó mucho, sabía escuchar a sus pacientes.
Dice el Dr. Febres: “Los médicos somos dos cosas antes de ser médicos, primero, somos humanistas… El otro rasgo distintivo de los médicos es que somos obsesivos con las dudas, de allí lo minucioso de nuestros escritos, que no son un ejercicio de la vanidad o de la erudición, sino obsesión por la verdad verificada. Cuando nos involucramos en el humanismo… es para también responder las preguntas que nos inquietan sobre el colectivo que somos…

Para escribir como lo hizo él (Francisco Herrera Luque), fue necesario ir a la historia y estudiarla con ahínco, dominarla con una gran erudición, una asombrosa erudición diría yo; esa de leer y leer libros y comparar y comparar libros y luego con la formación psiquiátrica tenida por sus múltiples estudios académicos… lanzarse a proponer una hipótesis tan acabada como fue la suya para responder a la agobiante pregunta: ¿Por qué somos como somos? Para Herrera Luque sus libros primigenios Los viajeros de Indias, Las personalidades psicopáticas y La huella perenne, además  del testimonio de sus investigaciones y reflexiones históricas y psiquiátricas, constituyen la base de la conformación de sus hipótesis patológicas sobre nuestra personalidad social, lo que abre una senda para el estudio de una psiquiatría social para todos los latinoamericanos , porque las tesis de Herrera Luque son válidas para cualquier nación de nuestro continente y los escritores de otros pueblos hermanos deben abrevar en su obra para abordar su propia historia mestiza… Además presumo, que cuando se haya avanzado más en el estudio del genoma humano, cuando los estudios genéticos, temas que se ve, seducían al autor, sean cosas de cada día y la psiquiatría haya avanzado mucho más, las tesis de Herrera Luque habrán demostrado su pertinencia…

…la Historia debe ser un instrumento útil para develar el provenir y pronosticar el futuro. Y leyendo su obra (la de Herrera Luque) vemos las claves de lo que vivimos hoy. Cito de Los viajeros de Indias este párrafo referido a lo susceptibles y pleitistas de Venezuela: “Se caracterizan por su extremada sensibilidad a la afrenta, por un orgullo proporcional y por un desmesurado afán de mando y de superioridad. Sólo tienen una obsesión: el culto por sí mismos. Su narcisismo llega a tales extremos que el individuo más inteligente de esta naturaleza no deja de hacerle mella a la crítica más leve y justificada, lo mismo que la más ridícula de las lisonjas. Los extremos a los que pueden llegar a causa de su orgullo son siempre absurdos. Cuando alcanzan posiciones privilegiadas, son magnánimos con sus incondicionales y feroces con sus detractores. Su egocentrismo no acepta el derecho a disentir. Su tendencia natural es la dictadura. Como subalternos y compañeros son desleales y envidiosos. No pueden soportar el éxito ni el bien de los demás. Víctimas de su egoísmo, no toleran la más mínima dependencia o jerarquía…” (Viajeros de Indias, pág. 18, 1970).

Cuánto dolor y sufrimiento, cuántas tragedias nos hubiésemos evitado los venezolanos de hoy si este escrito de Herrera Luque hubiese sido más conocido, quizás nos hubiese prevenido a los venezolanos… De allí presumo que toda su obra novelística fue una manera de tratar de hacerse entender en lenguaje coloquial de por qué somos como somos.”

Se reproduce texto completo del Dr. Nicomedes Febres Luces.
¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS?
Los médicos somos dos cosas antes de ser médicos, primero, somos humanistas que usamos la técnica y la tecnología que los investigadores nos dan para diagnosticar y curar. Nos paseamos además por la lógica aristotélica de la causalidad para diagnosticar, pero también por la lógica dialéctica para saber también lo que no tiene el paciente, y así descartamos otras enfermedades para reducir nuestros errores y curar mejor. Esa lógica tiene como nombre en nuestro medio el de Diagnóstico Diferencial. Y sin duda, nos valoramos en función de los aciertos, lo cual nos apega a la verdad. Mientras en más enfermos acertamos en los diagnósticos, más curamos y somos más eficientes, que es otra obsesión profesional. Por eso no confundimos nuestros deseos con la realidad, por dura que esta sea. El otro rasgo distintivo de los médicos es que somos obsesivos con las dudas, de allí lo minucioso de nuestros escritos, que no son un ejercicio de la vanidad o erudición, sino obsesión por la verdad verificada. Cuando nos involucramos en el humanismo, y estoy persuadido que una mayoría de médicos somos humanistas, es para también responder las preguntas que nos inquietan sobre el colectivo que somos. De allí surge una pregunta central que también compartimos con otros autores que no fueron médicos: Porqué los venezolanos somos como somos?. Allí está la obra de Picón Salas y su monumental ensayo o Gallegos en la novela, cuyos personajes son respuestas a esta interrogante subyacente en sus páginas.
Digo que es una pregunta que nos agobia y hablo en plural, porque uno leyendo las obras de cuatro eminentes médicos que con dedicación buscaron en la cultura respuesta a sus inquietudes, la pregunta ¿porque somos como somos? resume por todos lados. Con Manuel Díaz Rodríguez en sus novelas Ídolos Rotos o su Peregrina; con Jesús Semprún, quien con su tesis de grado Paranoia Persecutoria inicia los trabajos psiquiátricos en Venezuela, pero como a todos los aqui mencionados, la política atrapa y mete en problemas que les llevaron al exilio, allá en el exilio, el último mencionado desarrolló su gran obra sobre crítica literaria. El tercer médico y escritor que se destaca también por su obra literaria es Isaac Pardo, un hombre que se sumerge en el mar de nuestra historia del siglo XVI para escudriñar a esa historia y fábula portentosas que buscan y que en su caso es el motor que lo impulsa, y es la misma pregunta: ¿Por qué somos como somos? Fue el ensayo la forma de don Isaac de explicarle el paisa su pequeño hijo y a todos nosotros. Es la pregunta que se escurre entre las palabras de Esta Tierra de Gracia, 0 Fuegos bajo el Agua: la invención dela Utopía. Línea tras línea, o brazada tras brazada, Pardo, notable neumonólogo de su tiempo y fundador de los estudios sobre tuberculosis junto al viejo José Ignacio Baldó, trata de indagar en ese viaje, donde la fábula acompaña a la historia, porque los hombres de aquél tiempo estaban dominados por la convicción de ver un Nuevo Mundo. Uno se pregunta: como don Isaac pudo en aquél tiempo apacible, sin internet, con una bibliografía difícil de obtener, sin Google, con medios de comunicación precarios o lentos, pudo repito, estudiar medicina, curar enfermos, ejercer la política como ciudadano preocupado por su país y además escribir ese portento de obra cargada de erudición, respetando además a los autores con los que dialogó, porque, como lo apuntará ese otro monstruo de la inteligencia que fue Juan Nuño, con los autores de otro tiempo, uno no solo los lee, sino que también conversa con ellos con los ojos.
Cuando la tinta de la imprenta aún estaba fresca por la publicación de Esta Tierra de Gracia, sale a la calle la portentosa obra Los Viajeros de Indias de Herrera Luque.
El último rey dela baraja es pues Francisco Herrera Luque, cuya memoria nos convoca hoy aquí, y no voy a referirme a sus apasionantes novelas, pero si un poco a la génesis de ellas. Para escribir como lo hizo él, fue necesario ir a la historia y estudiarla con ahínco, dominarla con una gran erudición, una asombrosa erudición diría yo; esa de leer y leer libros y comprar y comprar libros y luego con la formación psiquiátrica tenida por sus múltiples estudios académicos que lo llevaron a ser profesor de psiquiatría en la universidad, a lanzarse a proponer una hipótesis tan acabada como fue la suya para responder a la agobiante pregunta: Porque somos como somos? Para Herrera Luque sus libros primigenios Los Viajeros de Indias, Las Personalidades Psicopáticas y La Huella Perenne, además del testimonio de sus investigaciones y reflexiones históricas y psiquiátricas, constituyen la base de la conformación de sus hipótesis psicopatológicas sobre nuestra personalidad social, lo que abre una senda para el estudio de una psiquiatría social para todos los latinoamericanos, porque las tesis de Herrera Luque son válidas para cualquier nación de nuestro continente y los escritores de otros pueblos hermanos deben abrevar en su obra para abordar su propia historia mestiza. Pero sus hipótesis lanzadas hace más de cincuenta años, en aquella época de la plena Guerra Fría, donde se pretendía ideologizar y sacrificar a cualquier conocimiento para justificado todo, al ser esas hipótesis tan libres de cualquier ideología, y con lo limitado que era el conocimiento psiquiátrico de entonces, hacen de su trabajo una producción no solo novedosa, sino revolucionaria en el campo del conocimiento psiquiátrico. De allá a aquí han surgido muchas hipótesis psiquiátricas en el mundo, surgieron los lacanianos, se reformó el estructuralismo, la psiquiatría marxista demostró que era un bodrio, como todo lo suyo; surgieron nuevas drogas como las benzodiacepinas que no se conocían entonces y que actúan sobre el sistema nervioso más allá de los barbitúricos que era la piedra angular del tratamiento psiquiátrico cuando Herrera Luque escribió sus Viajeros de Indias. Además presumo, que cuando se haya avanzado más en el estudio del genoma humano, cuando los estudios genéticos, tema que se ve seducían al autor, sean cosas de cada día y la psiquiatría haya avanzado mucho más, las tesis de Herrera Luque habrán demostrado su pertinencia. Sin ese conocimiento histórico y psiquiátrico jamás hubiésemos disfrutado de Boves el urogallo, ni de Piar, como caudillo de dos colores o de la relación del doctor Fausto con el pobre Nicolás Federmann en La Luna de Fausto, menos aun de la vida y peripecias de Los Amos del Valle 0 lo que sucedió En la Casa del pez que escupe el agua. Pero uno no estudia Historia para mostrar erudición ni para solo conocer el pasado, la Historia siempre debe ser un instrumento útil para develar el porvenir y pronosticar el futuro. Y leyendo su obra vemos las claves de lo que vivimos hoy. Cito de Los Viajeros de Indias este párrafo referido a los susceptibles y pleitistas de Venezuela: “Se caracterizan por su extremada sensibilidad a la afrenta, por un orgullo proporcional y por un desmesurado afán de mando .y de superioridad. Solo tienen una obsesión: el culto por sí mismos. Su narcisismo llega a tales extremos que al individuo más inteligente de esta naturaleza no deja de hacerle mella la crítica más leve y justificada, lo mismo que la más ridícula de las lisonjas. Los extremos a que pueden llegar a causa de su orgullo son siempre absurdos. Cuando alcanzan posiciones privilegiadas, son magnánimos con sus incondicionales y feroces con sus detractores. Su egocentrismo no acepta el derecho a disentir. Su tendencia natural es la dictadura. Como subalternos y compañeros son desleales y envidiosos. No pueden soportar el éxito ni el bien de los demás. Víctimas de su egoísmo, no toleran la más mínima dependencia o jerarquía. Por eso tienden a desposeer al jefe, a la vez que posesionarse de toda agrupación. Da lo mismo que sea un club social o un partido político. Siempre propenden a la división o escisión de los grupos. Donde se encuentra una personalidad de este carácter, difícilmente hay coexistencia pacífica. Su mal es una enfermedad que solo se cura con el éxito. Consecuencia de este orgullo sin límites a su extremada susceptibilidad: un saludo no contestado a tiempo, un retardo en una cita, una negativa a sus demandas, pueden transformarlos en los enemigos más irreconciliables. Durante años rumiarán la afrenta, no escatimando en la evidente desproporción que existe entre las pretendidas afrentas y las dimensiones de su venganza”. Viajeros de Indias. Pág. 18. 1970. Cuanto dolor y sufrimiento, cuantas tragedias nos hubiésemos evitado los venezolanos de hoy si este escrito de Herrera Luque hubiese sido más conocido, quizás nos hubiese prevenido a los venezolanos, porque supongo que saben ustedes de quién está haciendo Herrera el retrato hablado que les he leido. De allí presume que toda su obra novelística fue una manera de tratar de hacerse entender en lenguaje coloquial de porqué somos como somos.
Buscando respuestas a la demoniaca pregunta de porque somos como somos, he escrito sobre historia de nuestra vida cotidiana y para el libro La Riña de Gallos, el Último rito Feudal, al leer a Herrera Luque encuentro una explicación a nuestros rasgos. Apunte al final de un capitulo y perdónenme la inelegancia de citarme a mi mismo. Digo lo siguiente: Para concluir, citemos una vez más a Herrera Luque para concretar el carácter de padrote de los señores feudales devenidos a lo largo de nuestra historia: “Ellos fueron más, pero mucho más que un simple semental que hizo germinar su esencia en las mujeres de las razas vencidas. No es un simple problema, que ya lo es y grave, de genética humana que se proyecta en una monstruosa progresión geométrica. No se trata tan solo de que en la casi totalidad de los hombres de Venezuela palpite la irredenta estructura de los Viajeros de Indias, ni que en los cromosomas se mantengan perennes los cantos de lujuria y muerte; el problema fundamental de los Viajeros de Indias (que son los españoles que hicieron la América) es que ellos escribieron las primeras páginas de la historia nuestra, y que la siguen escribiendo, aunque se revistan de nombres y expresiones diferentes. De Viajeros de Indias rebosan nuestros arquetipos. Viajeros de Indias son nuestros héroes, aunque se llamen libertadores, caudillos de montoneras o tribunos de madrugadas trágicas. Los Viajeros de Indias no han muerto en la segunda mitad del siglo XVII; todavía agitan e interrumpen en los momentos cumbres de la historia contemporánea o en los instantes más lóbregos de la cotidianidad. Por eso decimos que la historia de Venezuela, además de estar silenciada, es una historia detenida”. Herrera Luque, Francisco. Los Viajeros de Indias. Ed Monte Ávila. Pág 235. 1970.
Pero también Herrera Luque nos previene de cara al futuro y uno, como un simple pregonero de las advertencias que nos dejó ante el porvenir, debo informarles entonces lo que él pensaba. En esa extraña novela póstuma publicada en 1992, un año después de su partida y llamada 1998, tal cual como el año cuando los venezolanos cometimos el peor error electoral de nuestra historia, Herrera nos alerta que el populismo iniciado con la famosa “gran Venezuela” de 1973, como la simple demagogia, atentan contra el futuro de la nación y narrando de manera fabulada el porvenir dice el autor lo siguiente, refiriéndose a lo que vendría: “que será de nosotros?, se pregunta casi sollozante, (el personaje central de la novela llamado Cap Tatén). ¿Qué será de mi? La primitiva provincia de Venezuela (refiriéndose a la vieja provincia de Caracas) carece de riqueza minera. El café y el cacao, que hasta 1940 eran parte importante de su economía han sido abandonados. La mayor parte de sus pobladores son, directa o indirectamente, parásitos del presupuesto. En Caracas salvo lo que tenga que ver con el juego y las diversiones, nadie trabaja. El inmenso acueducto, construido en su segundo gobierno, (ninguno de los dos concluyó) para llevar agua del Orinoco a Caracas y a los pueblos por donde pasa, fue clausurado por el Gran Estado de Guayana. (estado que se separó de Venezuela). A consecuencia de tal medida y del bombardeo anterior de las represas, la capital de Venezuela agoniza de sed, se pierden las cosechas y muere el ganado. La situación es catastrófica; la pobreza es extrema. La impagable deuda externa, luego de la segregación de las provincias orientales, occidentales y sureñas, cae de lleno sobre la empobrecida patria de Bolívar”. 1998. Pág. 37. Editorial Criteria.
1998, la obra póstuma del autor es una novela particular, allí Herrera Luque se vale de la figura del sueño, o mejor dicho de la pesadilla y el delirio de su personaje central y va hilando también los verdaderos problemas de una sociedad y su relación con el manejo del poder, desde el manejo del orden social, o el prudente manejo dela economía, hasta la urgencia de la necesidad de las políticas de población y natalidad o la reafirmación dela identidad nacional y el alerta permanente a la integridad de la nación. 1998 fue una novela futurista sobre Venezuela escrita por un hombre angustiado que conoce el país y su historia, que sabe del manejo del poder y del buen gobierno, de las responsabilidades del ciudadano y del político y se ve en el trasfondo una obra del hombre que ha leído desde El Príncipe de Maquiavelo hasta la Primer nueva Corónica y Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, el inca del siglo XVII que escribió ese largo ensayo explicando su mundo al rey Felipe III de España. 1998 es una lectura dolorosa, pero no existe amor donde no haya también un gran dolor. Y Herrera Luque es un hombre que amó con pasión a Venezuela y lo atormentó siempre la pregunta porque somos como somos.
Doctor Nicomedes Febres LucesCaracas, 16 abril 2016Homenaje 25 años fallecimento FHLBiblioteca FHL, Los Palos Grandes, Caracas

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