"Hay en mí 500 años de historia". Por Juan Alberto Dávila

Francisco Herrera Luque:

Hay en mí 500 años de historia

JUAN ALBERTO DAVILA

La muerte de Francisco Herrera Luque, acaecida el día martes 16 de abril de este año, no sólo ha puesto de luto a sus amigos, a sus fervientes lectores y a nuestra literatura de ver-dad venezolana y venezolanista, sino que abre el interrogante de si ese luto ha de empujar la puerta de los que están adentro y siguen ciegos frente a su obra, y develar por fin aquellas sombras que en lugar de oscurecerlo con su silencio no han hecho más que iluminarlo. Pero si no se abre, no importa. Porque la puerta del juez y la verdad no era ésa. Desde la aparición de sus primeras obras científicas y desde el surgimiento de su novela número uno hasta la última, la puerta del aplauso y del éxito anda por todas partes y, hay que decirlo fuerte, así ha de seguir, y bien abierta. La presente entrevista fue extraída de tres prolongadas conversaciones que el autor sostuvo con Herrera Luque en su residencia de La Castellana, entre noviembre y diciembre del año pasado, y publicada en el número de enero de este año en el periódico diplomático Su Excelencia. Su dueño y director, Lorenzo Campins, por respeto y admiración a Herrera Luque, y a solicitud del propio autor quien considera importante en interés del público lector la última entrevista hecha y publicada en órgano de prensa alguno, nos ha permitido reproducirla sin omitir detalles, en una entrevista del prestigio literario e intelectual como es Imagen, gracias a Esdras Parra, su directora. De las tres revistas, y es justo reconocerlo, la segunda fue compartida con la periodista Maritza Jiménez, quien el día lunes 17 de diciembre publicara en la primera página de la sección cultural de El Universal, un excelente reportaje en torno a la figura de Francisco Herrera Luque.
Aparte, su inmenso valor como escritor, propósito fundamental de la presente nota, la figura de Francis-co Herrera Luque en Su Excelencia, tiene aquí perfecta cabida. ¿Por qué? Fue Embajador de Venezuela en México en 1974, durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Hombre carismático y de potente voz como pocos, debe a su carácter vi-garoso una palabra en todo momento franca, directa y si disfraces.

—Yo, al igual que los campesinos rusos, y como bien lo señala nuestro gran columnista RAS, soy pacífico y laborioso hasta el extremo, siempre y cuando no atropellen mis principios.

Es en ese momento en que Herrera Luque "cambia la azada por la ametralladora y arremete cual un Quijo-te contra el agresor", como lo escribiese Liscano y lo dibujara Zapata, "sin pararle mientes a su estatura y a su poder de fuego".

J.A.D.: A propósito, cuéntanos un poco de lo que pasó en México.

F.H.L.: Por esto de los principios y por las irregularidades que encontré en la Embajada a mi cargo, y lo mismo en la Cancillería, formulé graves denuncias ante el Congreso. Por cuatro meses mantuvo en vilo al Congreso, al país y a la opinión pública. Tan claro como el agua. Por ello, a los tres años abandona México. Y hasta ahí su debut como diplomático. "Esta tercera renuncia-denuncia, como te puedes imaginar, me granjeó innumerables ociosidades a la par que crecidos contingentes de admiradores", remata. Que se lo llame polémico, le disgusta. "No, yo lo que hago es decir la verdad, y me gusta darla a conocer y defenderla", me aclara, por si acaso.

J.A.D.: Explícanos eso de la "tercera-renuncia-denuncia". Despierta curiosidad.

F.H.L.: Mira, Juan Alberto, para contestarte esa pregunta tengo que remontarme a mis años en el Hospital Universitario de Caracas. En 1958, fundo la Cátedra de Psiquiatría de la UCV, alcanzando el rango de Profesor Titular en 1968. Por concurso de oposición, soy elegido Jefe de Cátedra en 1969. En ese par de años publiqué dos obras fundamentales dentro de la psiquiatría social: Las personalidades psicopáticas (lleva ya 12 ediciones) y La huella perenne (Premio Nacional de Medicina). En 1970 aparece la versión definitiva de mi obra fundamental Los viajeros de Indias, publicada por primera vez en 1961. Ahora bien, ¿cuál es la importancia de esta última? En ella están ya los principios fundamentales que en los años venideros desarrollaré en el ámbito literario.

Reflexiona, hace una pausa como para tomar impulso: “Y aquí está lo que tú quieres. En 1972 renuncio públicamente a mi vida universitaria. Esa es la primera. Pero ese mismo día, en que soy elegido miembro de la Academia de Medicina, ocurre la segunda. Para mí, era un honor, claro. Sin embargo, ¿por qué renuncio? (y te advierto que también fue en acto público). Por esto: por la moción de censura que a mi novela En la casa del pez que escupe el agua, de 1975, le hiciera la dicha Academia en 1978. Eso, como comprenderás, no se podía tolerar. En cuanto a la tercera, ya lo dije, y pertenece a una época distinta de mi vida pública. Pero en las tres hay siempre este común denominador: la denuncia. Ante la corrupción y la injusticia, yo no me puedo quedar callado".

De su fugaz pero intensa actividad diplomática, hay mucho que decir y comentar. No pertenece al ámbito de esta entrevista. Pero hay situaciones agradables que Herrera Luque desea destacar.

F.H.L.: Puedes poner ahí que quiero mucho a México. Quise y fui gran amigo de Juan Rulfo, a quien admiro profundamente. Y también esto: siempre me he negado a las condecoraciones, salvo dos. Una de ellas, cuando México me distinguió con la más alta condecoración de ese país, la de la Gran Águila Azteca. Y la otra, el máximo galardón que otorga la Universidad Central de Venezuela, que implica una severa selección.

Francisco Herrera Luque, el único best-seller venezolano, o el de mayor éxito de venta, como él prefiere ("lo de best-seller es ambiguo, me dice, y aquí me han atacado por eso, lo ven como peyorativo), nació en Caracas en familia de vieja cepa, en 1927 ("Ya soy viejo", me dirá serio más adelante). Médico, como su padre y su abuelo, estudió su carrera en la Universidad Central de Venezuela, coronando sus estudios en Salamanca, en 1952. De esta fecha a 1955, hace su post-grado en Psiquiatría con el célebre especialista, Prof. López lbor.

¿Cuándo, en qué momento comienza a despuntarse el futuro gran novelista? De las tres, la tarde del 16 de noviembre reciente., ha sido memorable. <en su hermoso apartamento de La Castellana, en cuatro horas conversamos de muchas cosas. Unas bien conocidas, otras muy íntimas. Aquel tema no ocupó largos minutos, Entre el escritor y el médico, hay una lucha que aún no termina. Pero algunos amigos lo estimularon: “Menos mal que se frustró tu vida universitaria porque de lo contrario no hubieras escrito” le han dicho. “Y es verdad”, me confiesa.

F. H. L.: En la cátedra de psiquiatría, cuando tomé el cargo, desde el comienzo me hicieron la guerra. Hablaban mal de mí, conspiraban, no daban su clase. ¿Y qué hice? A dos les levanté expedientes y los pasé al Consejo de Facultad para que los expulsaran. ¿Por qué ocurría eso? Porque yo nunca fui de los partidos, ni comunistas, ni adecos, ni copeyanos. Yo estaba ahí para defender a la ciencia y a la verdad, no a los partidos. Y enseñarles todo eso a mis alumnos.

J.A.D.: ¿Te sentías acorralado, y eso consciente o inconscientemente obro como un motivo hacia la ruptura, camino del escritor, representada en tus famosas renuncias?

F. H. L.: Yo me sentía como Boves, rodeado de incomprensiones, de envidias y de injusticias. A lo mejor es como tú dices, y me fue a la literatura. Fíjate que en sa época escribí mi primera novela. Y fue precisamente Boves, El Urogallo.

J.A.D.: Han pasado casi treinta años, pero aún ye debates en tus pasiones, la psiquiatría y la literatura.

F.H.L.: La psiquiatría es mi locura y la literatura mi terapéutica —aclara tajante.

II

La Historia de Venezuela, en especial este siglo, ha sido y es un gran laboratorio. En ella han experimenta-do escritores, algunos hoy muy famosos como Herrera Luque. Una polémica destinada a cómo llamar la resultante de aquellas fórmulas y mezclas, más que depurarla produjo sombras y confusiones. Pero no en todos. El nombre acuñado, y son unánimes las opiniones, ha sido afortunado: él la bautizó historia fabulada, en sus novelas, un equilibrado producto entre la historia y la ficción. Así visto, Herrera Luque es un innovador en el terreno de la novela histórica, término que desecha por considerarlo decimonónico y acartonado, oloroso a truculencias y a folletón. Por eso prefiere hablar de La historia fabulada.

J.A.D.: ¿Puedes precisar este concepto?

F.H.L: En lo axial o fundamental, uno debe ceñirse no al rigor histórico, ya que no hay ninguna seguridad de que éste existe, sino a lo que se tiene por cierto, sea a través de libros, documentos y evidencias traídas de boca en boca, que es la memoria de los pueblos.

J.A:D.: ¿En cuánto a la tradición?

F.H.L.: Se dice que la tradición no es de confiar. Yo opino que merece más crédito que los documentos, que son ocultados, interpolados, falsificados o elegidos arbitrariamente, según esquemas preestablecidos.

Primero fue Domingo Fuentes, su descubridor, quien publicó Boves, El Urogallo (72) y En la Casa del Pez que escupe agua (75). Más tarde, José Luis García, de Pomaire, donde Herrera Luque ha echado anclas ("Tengo 92 amigos, no quiero más", dice, "y entre ellos está José Luis"). En Pomaire, a la publicación de nuevas ediciones de las anteriores, se suman las de Los Amos del Valle (79), La historia fabulada I, II y III, entre el 80 y el 82. Siguen Bolívar de carne y hueso (un opúsculo) en el 83, y en el mismo año, La luna de Fausto, para terminar en 1987 con Manuel Piar, caudillo de dos colores.

J.A.D.: ¿Qué significado especial le das a la novela?

F.H.L.: La novela, para mí, es un método insuperable para plantear la problemática social, política y psicológica, tal como lo preconizaba Cavalier.

J.A.D.: ¿Cómo te ves como escritor?

F.H.L.: Ser escritor no es una profesión, es una forma de existir. Es un quehacer obligante del que no podemos liberarnos hasta verterlo en una obra. Nada más lejos del ser de un escritor, corno falsamente piensa el común, que la búsqueda del aplauso, del galardón o del beneficio en metálico. Escribir no es grato, es doloroso. Tiene algo de parto, de vómito o exorcismo.

J.A.D.: ¿Cómo se enfrenta el escritor a su medio, a su momento histórico?

F.H.L.: Todo escritor es un protestatario necesariamente. No es un apologista del sistema vigente, político o social. Es un heterodoxo nato. Si escribe o habla, es para señalar sus discrepancias con el sistema.

J.A.D.: 'De acuerdo con lo que afirmas, ¿qué pasa entonces en lo estrictamente literario?

F.H.L.: Tiene que ver con el predominio que en la literatura contemporánea hay en la palabra sobre el contenido, la forma sobre la esencia. En los países capitalistas los auto-res son siempre de izquierda, en el sentido que discrepa del sistema económico-social imperante. En los países del totalitarismo de izquierda o derecha nadie discrepa por miedo a las represalias y se pasaron del fondo a la forma o, dicho más claro, se refugiaron en la forma. No fue el caso de Soljenitzin, por ejemplo, con Archipiélago Gulag. Discrepó del sistema y por eso fue expulsado.

J.A.D.: Al parecer, este problema, aún subsiste y no sólo entre ellos que están saliendo.

F.H.L.: Yo creo que eso de las represalias ha desvirtuado la narrativa contemporánea, porque hay tres géneros literarios muy importantes: la poesía, que es un regocijo estético; el ensayo, que es un regocijo ético; y la novela, que es un regocijo estético y ético. Entonces, el escritor se evade. Son cuentos donde no se cuenta nada, son narrativas donde no se narra nada. ¿Y qué sucede? Que la gente se aburre. Porque en toda novela debe haber una trama: la trama debe predominar sobre el lenguaje. El lenguaje es importante, pero no lo es todo.

J.A.D.: ¿Qué pasa con la venezolana?

F.H.L.: Esa ha sido la tragedia de la narrativa venezolana contemporánea, -que sencillamente no cuenta nada. Primero, por falta de información. Porque el narrador debe ser un hombre muy culto, no sola-mente en el terreno nacional sino en el internacional. Tiene que hacer un gran acopio de vivencias, persona-les o de otras personas.

J.A.D.: Haber vivido a plenitud.

F.H.L.: Sí. Por eso es que digo que es muy difícil encontrar un buen narrador antes de los 40 años. Por-que antes de los 40 no se ha vivido. Si vas por la mitad, puede ser un gran ensayista, un buen cuentista. Y un gran poeta a los 15. Pero antes de los 40, ser novelista es casi imposible, muy difícil.

Dos ejemplos. El Gatopardo de Lampedusa. Fue escritor antes de los 60. Se murió mientras la editaban. La gran novela de Mika Waltari, víctima de los nazis y apenas salió fue a los 40 años. Y la primera de García Márquez, el Gabo, más o menos a esa edad.

J.A.D.: ¿Y tú primera?

F.H.L.: Mi primera novela, Boves, El Urogallo, la hago yo a los 43 años. J

Junto con Boves y El Pez, Herrera Luque cierra con Los Amos del Valle —obra magistral según la crítica y de máximo interés para la comprensión de la Venezuela colonial— una saga de nuestro país por cuatro siglos. Se fuga hasta Alemania, indaga profundamente y enlaza en una sola dos historias comunes: "Yo quise rescatar La Fausto de la ficción y hacerlo de carne y hueso", el mismo de Goethe, que vivió entre 1480 y 1540. Así nace en 1983 la primera edición de La luna de Fausto, la cual parte de la profecía que Fausto le hiciera a Felipe de Hutten, acá enviado por los banqueros Welser y el Emperador Carlos V en busca de El Dorado, siendo aclamada por la crítica internacional como su obra maestra. Al poco tiempo es traducida al alemán y luego al ruso. Aquí debemos mencionar a Pepe Cayuela, gran ex-director literario de Pomaire, y quien fuera importante factor decisivo en la fragua y aparición de esta novela y a quien Herrera Luque siempre echa de menos corno su fraterno amigo.

J.A.D.: Decir qué has hecho, quién eres y hasta dónde has llegado, eso ya lo sabe todo el mundo. Comenta algo sobres tus inicios, tu trabajo.

F.H.L.: Mis libros iniciales, lo mismo que los ensayos y mis artículos periodísticos, impresionaron a mucha gente. (Aníbal Nazoa escribió que "a través de ellos, ya se veía venir al gran escritor". Eso fue en el 72) He escrito 10 obras en treinta años. Mis obras científicas fueron las que más tiempo me pidieron, porque la versión definitiva de Los viajeros de Indias me llevó 16 años, ocho primero, ocho después; y La huella perenne, 12 años. En cambio las novelas, todas, me tomaron 3 años. Y para que tú veas, La personalidad psicopática me llevó 6 meses.

J.A.D.: ¿Cómo valoras tu obra?

F.H.L.: El valor de una obra se mide por su persistencia en el tiempo y por su proyección hacia espacios más amplios.

De la primera obra de Herrera Luque han transcurrido treinta años y Viajeros de Indias mantiene su vigencia. Ha sido el autor venezolano más vendido y conocido fuera de Venezuela. Junto con Gallegos y Otero Silva, es uno de los tres nove-listas traducidos al ruso y junto con Uslar Pietri y el mismo Gallegos, al idioma alemán. Herrera Luque nunca ha sido efectivita ni manipulado por nadie, como lo proclama. Lo mismo ha sido aclamado en Moscú que en Múnich. Ha discurrido casi al mismo tiempo en la Universidad de La Habana y en la American University de Washington. En la casa del pez... ha sido elogiada pública-mente por políticos tan disímiles como Fidel Castro ("mandó, tirar 100 mil ejemplares", dice emocionado), un Balaguer y Rómulo Betancourt. Se ha dicho por último que es texto de obligada lectura para los embajadores estadounidenses en América Latina

J.A.D.: ¿Qué opinas de los jurados?

F.H.L.: Yo estoy cansado de sugerirles a los jóvenes estudiantes de literatura que revisen los nombres de los premios nacionales de litera-tura otorgados del 65 al 85, quiénes fueron los ganadores, cuál fue el título de la obra y finalmente quiénes fueron los jurados. Observarán que el 90% fue olvidado. Mi obra Boves, El Urogallo, fue llevada por un amigo mío al primer "Rómulo Gallegos". La obra ganadora fue La Casa Verde, de Vargas Llosa, ¿y quién la recuerda? En cambio Boves va por 22 ediciones y ha sido uno de los libros más comentados. En una de las tantas ediciones de En la casa del pez..., Julio Suñol, ilustre escritor y actual Embajador de Costa Rica en Venezuela, escribió en la contraportada: "No sólo es historia, sino literatura de la mejor calidad". Y entre nosotros, Pedro León Zapata así se pronunció en defensa del autor: "Todas las historias son fabuladas, sólo que las de Herrera Luque son más divertidas". Por su parte, y en Panorama de la Literatura Venezolana Actual, el crítico y poeta Juan Liscano ha dicho en referencia a su primera obra: "...la cual constituye un éxito de venta tanto por el tema como el poder descriptivo, la garra de narrador, el estilo si bien tradicional, provisto también de la inagotable seducción de la novela de aventuras".

Krestchmer, uno de sus maestros más admirados, había dicho: "...la cinta métrica no mide nada". El mismo Herrera Luque lo interpreta: más valor tiene para la búsqueda de la verdad de un país el relato ingenuo de un turista, que cientos de páginas llenas de estadísticas y discursos. Ahí radica el éxito alcanzado por sus novelas, entre las cua-les siempre Boyes... despuntará como obligada referencia, no sólo máximo evento editorial por sus incontables ediciones, una de ellas en polaco, sino crítico en toda la historia bibliográfica de Venezuela. Fue llevada a la TV en el 74 y actualmente se filma en España para largo-metraje. Por su parte yen capítulos, La historia fabulada fue objeto de presentaciones en la radio por Napoleón Bravo.

III

En los tres encuentros hemos conversado largamente. Haberlo oído, sentir a un hombre de pletórica, ilimitada memoria que sin descanso a sí mismo se confiesa, se rememora, se va y se remonta muy adentro de su presente y su pasado, ha sido ciertamente singular espectáculo y experiencia.

J.A.D.: ¿Tienes alguna tendencia política dominante? No puede faltar, es tema obligado.

F.H.L.: Siempre he querido para mi país una democracia integral tipo EE.UU o los países escandinavos, Finlandia por ejemplo. Me gusta mucho el sistema que existía en Israel, con una buena distribución de la riqueza donde el que más ganaba no podía ganar más de cuatro veces del que ganaba menos. Eso, creo yo, es justicia social. Y de los sistemas modernos, tomaría sólo para citar algunos: Costa Rica, Gran Bretaña, Suiza...

J.A.D.: Y en Venezuela, ¿cómo ves la situación?

F.H.L.: La democracia en Venezuela funcionó durante 15 años. Posteriormente se ha degradado y nos encontramos en un fangal del cual no vamos a salir por vía eleccionaria. El Libertador lo dijo: "El mejor sistema político es el que le asegure bienestar social al mayor número de gente". Los temas son inagotables. Pero también, por momentos, se asoma parco y medido a cierto futuro. Yo creo que ya cumplí como médico y como escritor: A los jóvenes escritores yo les diría: trabajen duro, revisen, investiguen, en la historia nuestra aún quedan muchos temas, personajes increíbles, fabulosos... Me gustarla volver a ser como era de niño, Irme a vivir en la Colonia Tovar, o a una isla. Estar solo, no pensar en nada, ver el paisaje. Eso me gustaría –sueña Herrera Luque.

J.A.D.: Puro Budismo Zen, le digo. Al final, vaciarse de todo, ser uno mismo. "Sí, en eso tienes razón". O haber hallado algo parecido a la felicidad, prosigo.

F.H.L.: No, no es felicidad. La felicidad es euforia, entusiasmo, exultación. Es distinto. Yo lo que quiero es sosiego. Con lo que tenga, estar tranquilo, sin pedir ni esperar nada. Porque ya soy viejo. A los 63 años se es viejo. Es el último septenio de los chinos. Y yo lo que quiero es eso.

J.A.D.: Estás intentando cerrar un círculo. Primero el profesor y catedrático. En la mitad, el escritor. Y ahora, el éxito sostenido, la re-flexión, el bien ganado reposo como quieres.

F.H.L.: Si, yo opino como tú. En la vida cerramos círculos, no uno, varios, y yo pienso que el mío, éste, se está cerrando. En mis obras, por ejemplo, también hay eso: abro y cierro círculos históricos. El último es el que ahora estoy escribiendo.

J.A.D.: Tu infancia, ¿fue feliz? Porque quieres volver a ella, ya lo has dicho.

F.H.L.: No, yo no fui un niño feliz. Me gustaba la soledad, leer cuentos de hadas, de fantasía. Mi padre me enseñó a leer a Salgan', y así, a muchos otros. Desde los siete años vengo leyendo y oyendo historias. Crecí en una familia donde a diario se hablaba de historia, de política, como cosa corriente, cotidiana. Pero hasta los siete años fui un niño introvertido. Por las tardes me gustaba quedarme solo. Pensaba mucho. Había un gran silencio y oía las campanadas de la Catedral. Después me propuse ser extravertido. Y lo conseguí. Mi primera novela la escribí a los 17 años, en multígrafo. Circulaba entre mis compañeros. Era mordaz, irreverente. Al leerla, una señora muy católica y todo eso, me la rompió.

J.A.D.: Algo quedó en suspenso, tu dedicación a tiempo completa como escritor, tus planes de vida tranquila. Sin embargo, sigues en la pelea. Entiendo que por ahí viene tu próxima novela. Háblanos un poco.

F.H.L.: Sí, estoy en eso. Pero toda-vía falta mucho, seis meses, no sé. ¿Su título? Los cuatro reyes de la baraja.

Incansable, este Pancho nuestro. O el Francisco Herrera Luque de sus libros, controversiales y a la vez constantemente buscados y aplaudidos. Cuando él habla, las horas pasan inadvertidas, y en este diálogo, siempre el entusiasmo por seguir escuchando. Pero llega la noche y una momentánea despedida. Hoy es un hombre cuasi flaco, ex-corpulento ("ahí te ves, no grueso, gordo”, le digo, observando la foto con olor a viejas épocas), o como se quiera, magro por cosas de la dieta y. siempre vigilante, por María Margarita. "¿Te casaste una sola vez?". No titubea. "sí por supuesto", responde complacido. Y padre hogareño, pero "ya viejo", según él mismo se califica sin convencernos para nada. El bastón que poco usa, es negro, recto como palo de billar. Pero lo que impresiona, es esto: su cabezón de plata, donde bellamente labrados se ven peces. "simbólico, ¿verdad?" le había comentado. Y con orgullo, explica: "Mi hijo me lo trajo de Londres como regalo". Bastón entonces como cetro... Para mí, no han pasado los años. Lo oigo, me parece que estoy en aquel distante 64. En silencio, escuchamos su clase. Su vozarrón amable y afectuoso, es el mismo, no cambia. Así nos acompaña hasta la puerta.

IV

F.H.L.: En mí hay quinientos años de historia venezolana. En mis libros no hay afán de venganza contra nadie. No, no tengo enemigos: más bien, envidiosos. Yo creo que escribir, en el fondo del alma, es una necesidad de cómo comunicar: entonces se va al libro; fíjate, se robustece en la medida en que voy quedando sin púlpito.... La mía puede ser una soledad en las multitudes, que es la peor de las soledades. He sido un feroz defensor de la democracia, estuve a punto de darle mi vida, pero ahora no creo en ella, está podrida... Amar a Venezuela es amar a Bolívar. Yo quiero a mi país, No, no me voy ni lo pienso. Siempre me quedaré aquí.

Que, ¿por qué me resisto a las entrevistas? Te lo voy a decir. Las entrevistas son muy peligrosas, por varias razones. Una de ellas, porque después de treinta años de ser entrevistado, es bastante difícil ser renovador u original. Si me preguntas sobre mi filosofía, mis perspectivas, puede ser que haya algunas variantes. Pero en lo fundamental, sigo siendo el mismo. De lo contrario sería un farsante.

De Francisco Herrera Luque, en su primera postulación al Premio Cervantes, hoy corno siempre se habla mucho. No obstante, la historia sigue, llámese como se llame. Igual Pancho, siempre en el aprecio y la constante admiración de sus amigos y lectores. Con premios o sin ellos. Pero, mejor esperemos Los cuatro reyes de la baraja.

F.H.L.: Son personajes importantes de los últimos cien años de la historia venezolana. ¿Quiénes son? Guzmán Blanco, Gómez y Betancourt. El otro es Páez, que nunca me ha gustado. Pero ahí está. ❑


Transcripción de la entrevista realizada por Juan Alberto Dávila,
publicada en la revista IMAGEN.
Consejo Nacional de la Cultura. Caracas, No.100-78, junio de 1991.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Déjanos tus comentarios, preguntas y críticas.

Temas Relacionados:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Libro "Una Conversación Final"

 

Según Herrera Luque

Libros de Herrera Luque

Entendiendo la Historia

 

Página web realizada por Blogarizate
. Con la tecnología de Blogger.

Galería de imagenes

 

Blog Archive