Círculo de Lectura: Así que pasen 100 años (02/07/16)














En la sección de Libros Raros y Manuscritos de la Biblioteca Nacional, se inauguró una muestra de manuscritos e impresos de la obra de Francisco Herrera Luque organizada con motivo de los 25 años de la muerte del autor.
El recinto a cargo del poeta larense Gabriel Saldivia, durante 30 años funcionario de la Biblioteca Nacional,  conserva gran parte de los manuscritos del escritor y psiquiatra y como parte de las labores propias del departamento de Libros Manuscritos, fundado décadas atrás, por el bibliófilo y especialista en mapas antiguos Yvan Drenikoff Andhi. Los materiales relacionados con Herrera Luque son estudiados por especialista en la búsqueda de precisiones y claves que el mismo Saldivia califica como “la exploración de la génesis de la obra de Herrera Luque”.
 Francisco Herrera Luque al canon de la novela venezolana 
La actividad que contó con la asistencia de directivos de la Biblioteca Nacional, funcionarios, admiradores y estudiosos de la obra literaria de Herrera Luque, familiares y representantes de la Fundación Francisco Herrera Luque y la participación como ponente del profesor Carlos Sandoval quien anunció que el equipo que elabora el canon de la novela venezolana, resolvió agregar a Herrera Luque como novelista, un hecho justo y trascendental que finalmente le adjudica el valor que merece debido a su obra –dijo Sandoval.
El escritor, novelista y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, afirmaba para definir el canon: “se trata de algo que para todo lector es un ancla, una certeza, aquello de lo que no se puede prescindir porque en los textos del canon hay conocimientos y respuestas sin los cuales uno se perdería algo importante. El canon confiere cierta seguridad a los lectores, les permite saber dónde están parados, cómo es la realidad a la que pertenecen, cuáles son los textos que no deben ignorar”.
En Venezuela, está elaborado el del cuento y la poesía y ahora un equipo del cual Sandoval forma parte, trabaja también, el de la novela en el cual se insertará a Herrera Luque.
El profesor Sandoval sostuvo que Herrera Luque no era hasta 1972, un novelista, sino el autor de una serie de investigaciones que concluyeron en libros generadores de polémica que lo hicieron, incluso en el mundo científico, hombre y autor controversial, lo cual le costó la cátedra universitaria y la jefatura del Servicio de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UCV, además, de la indiferencia de la Academia Nacional de la Historia, por incómodo y polémico. Esto –explicó Sandoval– no obstante que a partir de sus investigaciones incluyó meterse en el Archivo de Indias en Sevilla, ciertas apreciaciones históricas suyas no eran del todo novedosas en nuestro medio literario como en la historiografía pues estaban entrelazadas con comentarios que con bastante antelación aparecen en la literatura local. La temática fue abordada en escritos de 1921 e incluso anteriores, por ejemplo en Las Cartas a Pascual publicadas en El Cojo Ilustrado.

Trabajar con quienes no figuran en el panteón de los héroes patrios

Su reto fue trabajar los personajes que no forman parte del panteón de los héroes”–dijo. Haber roto con la reunión de cuadros épicos que marcaron la literatura histórica venezolana hasta que se le ocurre surgir en 1972 con Boves, el primero de nuestros caudillos demócratas.
Herrera Luque se monta en la historia sobre la ficción, fábula con garra narrativa y honestidad intelectual, puntualizó el profesor universitario con cátedras en la UCV y la UCAB, amigo incondicional, especialista en literatura venezolana y latinoamericana con profundo conocimiento de la obra de Herrera Luque. Investigador, autor y quien como entendido y fiel seguidor de Herrera Luque también lo ha trabajado para apoyar a la industria editorial que ha publicado miles de copia de los libros del autor caraqueño nacido en 1927 y fallecido en 1991.

A Herrera Luque, siento yo, no se le ha ubicado debidamente en el contexto de la narrativa. De hecho, anuncio extraoficialmente que estoy ahorita en un equipo de investigación que estamos armando el Canon de la novela venezolana, y yo propuse a Boves el urogallo, como parte del canon, y mis tres colegas –somos cuatro–, aceptaron. Porque cuando Herrera Luque publica su primera novela en el año 72, justamente Boves el urogallo, algunos críticos y la academia literaria venezolana, no tomaron muy en cuenta esta obra narrativa porque consideraban que no era un novelista.
Esa idea un poco distorsionada tenía que ver con el hecho de que Francisco Herrera Luque antes de lanzarse al campo de la novela, había publicado algunos ensayos incómodos, que causaron mucha polémica en el contexto intelectual venezolano, sobre todo con el famoso libro Los viajeros de Indias (1961), que fue causa de una polémica fortísima que duró mucho tiempo y todavía hoy te das cuenta de que hay rechazo.

Resulta que en ese estudio, Los viajeros de Indias, demostraba cómo la psicopatía del venezolano era una carga genética… era el resultado de una conquista que era también maltrecha en el sentido de que, como el demuestra allí con estadísticas, averiguó que mucho de los conquistadores que llegaron a Venezuela y a América latina eran delincuentes que soltaron de las prisiones españolas, algunos eran epilépticos, otros tenían problemas difíciles que por supuesto se mezcló allí con los indígenas con lo que dio como resultado un mestizaje que Herrera Luque atribuía el lado malo a ciertos comportamientos colectivos”.

Sandoval, al referirse a la novela Boves el urogallo,  “por primera vez en Venezuela se atrevía un narrador (Francisco Herrera Luque) a tomar a un personaje histórico que no formaba parte del Panteón Patriótico, es decir, después de 1881 cuando se publica Venezuela heroica y se crea ese panteón imaginario de lo que son los héroes de la patria.

Una vez que uno lee Boves el urogallo, se da cuenta de cuál es la estrategia de Herrera Luque: utiliza, primero, personaje incómodo, luego reconstruye una parte de la historiografía venezolana que había quedado un tanto olvidada o escamoteada u oculta…”.

En Venezuela, una edición exitosa no pasa de 1.500 ejemplares, Boves se publica, la primera edición con mil ejemplares, se agotó rápidamente, en un año se tiraron cinco ediciones y de allí se convirtió en best seller. Esa era una de las ideas por lo que la Academia no lo aceptaba…”.

Boves, entonces, retrataba una parte de la historia venezolana que no había sido tratada desde el punto de vista que lo hace Herrera Luque, porque él se inventa y en esto fue muy honesto, inventa un sistema que él llamó la historia fabulada, es decir, yo voy a contar historias de Venezuela, pero mezclándolas con ficción, en el sentido de que me voy a apoyar en un discurso narrativo y voy a inventar algunos personajes que me permitan a mi contar lo que quiero contar…

Luego de Boves, la gente comenzó a leer furiosamente y con frescura a Herrera Luque porque tenía una manera de contar distinta a lo que se venía haciendo… los de la Historia (de la Academia de la Historia) no lo tomaron mucho en cuenta porque “eso es una novela” y los de literatura (de la Academia de la Lengua): “ese no es una narrador, ese es un médico que está haciendo novelas.”

Narrativa que obliga a pensar

Con el paso del tiempo, la narrativa de Herrera Luque demostró algunas cosas que son importantes, si usted agarra alguna novela que es importante como: Los amos del valle, La luna de Fausto, Manuel Piar, caudillo de dos colores, 1998, Bolívar en vivo, El vuelo del alcatraz, usted, no la puede soltar, por la garra narrativa, es decir, un dominio de la historia, no de la historia de Venezuela –que también la tiene–, no, me refiero a la historia literaria. Sabe que un lector lo que está buscando es que le echen un buen cuento de manera articulada y que lo conduzca a un final… su narrativa se sustenta básicamente en el dominio de la anécdota… se embarca en una construcción narrativa que le funcionó para interpretar historia venezolana que él creía que había quedado de lado, muestra personajes incómodos, hace ver que la historia no sólo la construyen los vencedores…”

Por otro lado, esta narrativa te obliga a pensar, a reflexionar, tu terminas Boves,  terminas En la casa del pez que escupe el agua, La luna de Fausto y sales de esas obras y no te quedas sólo con la anécdota, sino que comienzas a reflexionar y a decir: -esto que me han contado, ¿será así o no será así? Ocurre que empiezas a investigar colateralmente, inclusive tratas de ver la bibliografía que el novelista utilizó y te percatas de que la ficción a veces es mucho más poderosa que la realidad o que la realidad, a veces, supera a la ficción, porque él logra amalgamarla”.

Entrada en la intimidad de autor
Antes de la intervención de Sandoval, el jefe de la sección de la Libros Raros y Manuscritos puntualizó: “El manuscrito es entrar a la intimidad de un escritor, en el caso de Francisco Herrera Luque, nuestro gran narrador venezolano, con una gran cantidad de obras ya conocidas en Venezuela y en el mundo…
Si ustedes observan las tachaduras, flechas, gráficos, cosas que hace el escritor, se demuestra su forma de escribir determinante de que nosotros veamos el libro como algo que se desprende de una manera natural del proceso de escritura y que llega a la imprenta… El libro es el resultado de algo y uno lo tiene limpio en la mano y lo puede leer, pero no se siente el sudor, las angustias, las incertidumbres, las dudas o la celebración que sí se aprecia y siente en los manuscritos”.
En el caso de Herrera Luque, dejó en su proceso de escritura unas huellas que son importantísimas a la hora del estudio de sus manuscritos. ¿Por qué? Porque utilizaba todos los soportes, es decir, hasta las carpetas donde estaba el manuscrito… por fuera de la carpeta dice: primera versión, segunda versión, un plan estructural de la obra… las correcciones marcan también un proceso de escritura y en el caso de Herrera Luque queda la evidencia de ser una persona minuciosa, exhaustiva, muy cuidadosa en el tratamiento de su estructura y muy riguroso con él mismo, autocrítico… parecía que nunca estaba contento con una página escrita, sino que seguía trajinando y trajinando con ella”.
En Francia, ya hay una carrera universitaria que se llama la genética textual o la génesis del texto que no es otra cosa que evidenciar los procesos de escritura, la transformación, la transfiguración que conlleva un proceso de escritura de un autor en su diario trajinar –explicó Salvidia. Un venezolano figura entre quienes se han dedicado al estudio y trabajar la genética textual o génesis de las obras de los autores: Gustavo Guerrero –según mencionó Saldivia.
En el caso de Francisco Herrera Luque “se notan también, además de los planes estructurales, las huellas, los señalamientos que nos facilitan mucho el trabajo porque está indicado todo, en las carpetas… pero también se evidencia en algunos de sus manuscritos las correcciones en las pruebas de imprenta o en las galeradas… Los cambios que se hagan en una galerada son cruciales, ese documento se convierte en una pieza de suma importancia porque es la que establece la separación entre todo el proceso de escritura –el manuscrito– y  el libro impreso”.
Saldivia llamó la atención sobre cómo las editoriales se permiten alterar los textos originales de cualquier autor en aras de economía y resolver problemas técnicos. De allí, que es corriente encontrar dos o más ediciones de un mismo libro que no son precisamente exactas una con otra. En el proceso de producción alguna necesidad determina cambios arbitrarios como la supresión de párrafos o juntarlos. Sandoval mencionó un caso en el cual a un texto de Jorge Luis Borges, quien levantó el texto con el linotipo, omitió una línea hecho que por muchos años hizo que buen número de lectores e investigadores especularan sobre la presunta intención del autor de dejar abierta una incógnita.
Hizo mención a la nueva dimensión de los manuscritos representada por los escritos originales en medios electrónicos. La cibernética como el instrumento de los autores.
La grata, aleccionadora y didáctica conversa se dio alrededor de una muestra de manuscritos seleccionados y otros documentos que hicieron del acto un reconocimiento a Francisco Herrera Luque, por lo cual desde la Fundación Francisco Herrera Luque agradecemos a la Biblioteca Nacional de Venezuela, a sus autoridades y personal, así como al profesor Carlos Sandoval, al amigo y poeta larense Gabriel Saldivia, jefe de la división de Libros Raros y Manuscritos y a sus asistentes Linda Arias y José Guillén las atenciones y organización del homenaje. 

La Batalla de Carabobo y la historia de Negro Primero

Este año se celebran 195 años de la Batalla de Carabobo, una acción bélica que se desarrolló cerca de la ciudad de Valencia el 24 de junio de 1821, entre el ejercito realista comandado por el mariscal de campo Miguel de la Torre y el ejercito republicano, comandado por el general en jefe Simón Bolívar. La victoria lograda por este último resultó decisiva en la liberación de Venezuela.

Esta fecha se considera fiesta nacional para Venezuela y generalmente se celebra en el Paseo Monumental Campo de Carabobo con la presencia del Presidente de la República y el alto mando militar con un desfile de las fuerzas armadas nacionales.

Son muchas las personas que al recordar la Batalla de Carabobo, inmediatamente la asocian a la historia de Pedro Camejo, conocido como Negro Primero.

¿Por qué recordamos a Pedro Camejo, Negro Primero?
San Juan de Payara, estado Apure, 1790.

La Historia de Venezuela que nos contaron siendo niños y que quizás recordamos con mayor claridad es la de Pedro Camejo, un oficial de caballería, teniente, del ejército de Venezuela en la Guerra de Independencia que se encontraba bajo las órdenes de Páez.

El apodo de “Negro Primero” que le distinguía se había inspirado en su bravura y destreza en el manejo de la lanza. Había sido esclavo en su juventud de Vicente Alonzo, de Apure. Era una persona humilde de escasa preparación intelectual, aun cuando poseía una mente ágil y despierta.

Al comienzo de las hostilidades independentistas luchó al lado de los españoles, pero en 1816, se incorpora en Apure a las fuerzas del general José Antonio Páez quien le muestra especial afecto. En 1818, cuando el general en jefe Simón Bolívar llegó a San Juan de Payara, durante el desarrollo de la campaña del Centro, vio a Camejo por primera vez, quien le impresiona por sus dotes de guerrero y por su énfasis patriótico.

La corpulencia del guerrero y las referencias que le dio el general Páez, despertaron en El Libertador, su interés. En una breve charla que sostuvieron, Bolívar le formuló algunas preguntas, las cuales fueron respondidas por Camejo con ingenuidad y sencillez; al explicar la razón que le llevó a sentar filas en el ejército republicano, dijo que fue inicialmente la codicia; pero luego comprendió que la lucha tenia otros propósitos más elevados. Fue uno de los 150 lanceros que participaron en la batalla de las Queseras del Medio (24-12-1819) y en esa ocasión, recibió la Orden de los Libertadores de Venezuela. El 24 de junio de 1821, en la batalla de Carabobo era integrante de uno de los regimientos de caballería de la primera división de Páez; allí rindió la vida.

En medio del fragor de la batalla de Carabobo, el General Páez observa a un jinete del bando patriota que abandona el frente y va en su dirección. Se da cuenta que es Pedro Camejo, quien haciendo grandes esfuerzos para mantenerse sobre su cabalgadura, al trote, se le aproxima. Para la historia queda el breve diálogo que entonces se produce y por el que muchos recordamos la historia que nos contaron cuando estudiabamaos en el colegio

: -“¿Qué te pasa negro, es que tienes miedo?...”-le inquiere.

“¿No, mi general...-responde el valiente, que en agónicas palabras, agrega:-...es que vengo a decirle adiós, porque estoy muerto”...

Cumplió jornadas plenas de heroísmo, como en las batallas de El Yagual, Mucuritas, La Toma de las Flecheras, y Las Queseras del Medio, entre otras. Falleció en Campo Carabobo el 24 de Junio de 1821.

A continuación se copia el texto del Capítulo 190 de la Historia Fabulada II “Noche Mágica”, donde Francisco Herrera Luque cuenta cómo Pedro Camejo, Negro Primero, se enterará de su destino final el día de la Batalla de Carabobo. Es importante recordar que la Historia Fabulada fue escrita para transmitirse por radio y posteriormente, los capítulos se recogieron en tres tomos.

(Tambores barloventeños)
autor: Desde hace ya varios días repican los tambores desde Barlovento hasta Cumarebo. (Pausa) Esta noche del 23 de junio restallarán con esplendor a todo lo largo de la costa Maya, en las montañas de Birongo, en Caraballeda y en las umbrías selvas del Yaracuy…
(Recrece la música 15 segundos y desciende durante el parlamento)
negro: (Misterioso) Esta noche… es noche mágica…
negra: (Misteriosa) Es noche ceremonial… (Emocionada) Esta noche, negros y negras bailarán hasta caer derrengados… Es noche de amor y de maleficios…
negra anciana: (Solemne) Los diablos, con permiso de Dios, estarán sueltos desde la caída del sol hasta el amanecer… Es buena noche para pedir lo imposible…, para adivinar el futuro…
NARRADOr: Esta noche, mis amigos, es la noche de San Juan…
(Recrece la música por 15 segundos)
negro: San Juan es un santo negro que se lo cogieron los blancos.
NARRADOr: (Burlón) ¿Cómo es eso?
negro: Así como lo oyes. San Juan nació en Barlovento… por más que los curas digan que lo hizo en Judea.
negra: (Irritada) ¡Hay que ver que tú eres bien deslenguao y farta’e respeto, negro lambucio… San Juan nació en Naiguatá, y esta noche, como siempre, lo llevaremos al río…
(Recrece la música por 15 segundos, para desaparecer)
autor: Pero esta noche, como el día de mañana, consagrado a San Juan, no sólo será de fiesta, tambores y bailes en Venezuela, y en particular donde abunda la población de origen africano: lo será en todo el hemisferio septentrional, desde Finlandia hasta el Congo, de la Mongolia a Nicaragua. Tal como lo ha sido a todo lo largo de la historia de la humanidad, antes de Cristo y después de Cristo, entre paganos, católicos y animistas.
NARRADOr: Hoy o mañana es el solsticio de verano. El día más largo del año, así como el 24 de diciembre, vísperas del nacimiento de Cristo, es el más corto.
autor: (Interrumpiendo) Yo no sé si tú sabes, que de acuerdo a todos los cálculos, Cristo al parecer nació en una noche como ésta y no el 24 de diciembre.
NARRADOr: ¿Cómo es eso?
autor: La explicación es larga y aburrida, pero si alguien se interesa por el asunto, que registre y encontrará. Pero volvamos a nuestro San Juan Venezolano.
(Estallan los tambores y se mantienen por 15 segundos hasta decrecer)
NARRADOr: Es verdad, doña Clotilde, que esta noche se puede averiguar el futuro echando un huevo en agua?
negra anciana: Así es, mijito.
NARRADOr: ¿Y por qué no nos dice a todos cómo es la cosa? ¿Qué es lo que se debe hacer?
negra anciana: ¡Guá, es muy fácil! A las doce en punto de la noche, se rompe un huevo de gallina negra en un vaso de agua a medio llenar; y en la mañana, apenas uno se despierte, se rezan tres credos de espaldas al vaso. Luego te volteas…
NARRADOr: ¿Qué pasa, entonces?
negra anciana: ¡Guá, que ves clarito lo que te aguarda…!
(Pausa musical. Tambores barloventeños.)
negra: ¡Ay, ña Clotilde, mire lo que me salió a mí! ¿Qué será eso?
negra anciana: Pero, ¿no lo ves, mujer de Dios? Más claro no canta un gallo. Es un barco, te sale viaje por mar…
negra: ¡Ay, qué bueno! ¿Por qué no me dice lo que ve en el vaso de Juan, mi marido?
negro: Así es, doña Clotilde…
negra anciana: (Vacilante) Déjame ver, déjame ver. ¡Jesús, María y José!
negro: Es una caja. Fíjate, mija.
negra: De verdad, es una caja. (Riéndose) ¿Y eso qué significará?
negro: (Riéndose) La caja de reales que vamos a encontrá para hacer ese viaje que mienta ña Clotilde.
negra anciana: (Solemne) Pero no era una caja, como creía el pobre hombre, era un cajón… una urna. A los pocos meses, él y ella cogieron un crucero griego, de esos que van de Curazao a Trinidad, y la comida estaba tan podrida que el muchacho llegó cadáver…
NARRADOr: Dice la leyenda que una noche de San Juan, el general Páez dizque le dijo a Pedro Camejo, el negro.
páez: Vamos a ver, negro: échate dos huevos, uno por ti y otro por mí. Vamos a ver qué nos depara el destino.
NARRADOr: Apenas salió el sol, el general y su ayudante escudriñaron sus vasos:
negro: ¡Caraj, mi jefe, mire el suyo!
páez: ¡Un arco iris!
negro: ¡Victoria redonda, taita, honores y gloria! (Bruscamente compungido) Pero yo no los compartiré con usted… A mí me salió un cajón.
autor: Era el 24 de junio de 1821. Día de San Juan y también de la Batalla de Carabobo.
(Tambores barloventeños)
En la Biblioteca Herrera Luque se encuentra una gran variedad de libros de Historia de Venezuela, tema de estudio e investigación preferido de Francisco Herrera Luque. Su definición de la historia, está plasmada en una de las paredes de la biblioteca: “La historia es para un pueblo lo que la memoria es para el hombre: fuente de experiencia, fundamento de legislar, comprensión del presente, atalaya del futuro. Por ello ha de ser veraz, valiente y justo quien la escribe.”

Entre la bibliografía recomendada que se puede leer en la biblioteca relacionados con el tema de la Batalla de Carabobo y la historia de Pedro Camejo, encontramos Diccionario de la Historia de Venezuela editado por Fundación Polar - 1997, Historia de Venezuela tomos I y II de Fundación Venezuela Positiva, Homenaje a Carabobo de Andrés Eloy Blanco, editado por el Congreso de la República en 1939, Estampas de 40 adalides de la campaña y de la batalla de Carabobo de María Clementina de Camarán - 1971. La victoria de Carabobo de Miguel Ángel Mudarra - 1971.

También se encuentran los tres tomos de La Historia Fabulada de Francisco Herrera Luque, donde el autor de una forma agradable y graciosa nos cuenta los orígenes y folclores venezolanos a través de diálogos y escenas especialmente escritas para transmitirse por radio.

Los Tertulieros: "La caída del Socialismo" (22/06/2016)


25 años del fallecimiento de uno de nuestros escritores más leídos en Venezuela y el mundo, figuró entre los grandes personajes residentes del municipio Chacao

En diciembre de 1966, Francisco Herrera Luque (Caracas, 1927/1991) estrenó un Oldsmobile ocho cilindros en V, cuatro puertas, escogido entre la gama ofrecida por don José Mateu en la Compañía Nacional de Automóviles C. A., establecimiento con historia situado en Puente Hierro.

Cuando llegó a la casa en la Avenida 12 de Altamira, no pasó desapercibido el vecino con carro americano nuevo utilizado un par de días antes de Navidad para con María Margarita ir a comprar el Niño Jesús en Juguetelandia. De vuelta en Altamira, tuvieron la ingenuidad de dejar los regalos en la maleta del carro para que los muchachos ni sospecharan las sorpresas que les aguardaban.

Pero la mañana siguiente, apenas bajaron a desayunar, la mucama española tenía embuchada la noticia de que durante la noche alguien se llevó el flamante sedán blanco. Casi sin rodaje, apenas estrenado y poco disfrutado, los Herrera-Terán perdieron para siempre aquel vehículo que tardarían en reponer mediante la compra de otro que pondría fin a la subordinación casi total a “carros libres”.

Era rígido, exigente en la educación de sus hijos, estudiantes del Colegio Santiago de León de Caracas. Los varones siempre se quejaban de la rigidez del padre pero la hembra fue muy consentida…”. Nuestros cinco hijos fueron criados con mucho amor, esfuerzo, en un hogar lleno de valores morales y sobre todo donde se les inculcó amor por el país”, recuerda María Margarita Terán, viuda de Francisco Herrera Luque.

Cuando en 1963 fijaron residencia en la parte alta de Altamira, las obras de la Cota Mil eran el patio de recreo de la muchachera de la zona. Regresaba a sus respectivas casas totalmente entierrada de pies a cabeza, contentísima por las experiencias de jugar con absoluta libertad entre los canjilones y terraplenes mientras duró la construcción de la avenida que no pocos inconvenientes significó hasta su apertura al tránsito.

Según María Margarita, la personalidad de su esposo “estaba formada por un tríptico: querer (disposición a ser); poder (tener capacidad de hacer) y hacer (llevarlo a cabo), acompañada de tres exigencias: silencio, cigarrillo y café”.

En la intimidad era disciplinado, reflexivo, con buen humor; disfrutaba de la buena mesa y puntual hasta la exageración. Lo desesperaba la impuntualidad del venezolano. En los pocos ratos libres o de ocio jugaba tiro al blanco con un arco, ajedrez y lo entretenía la jardinería. También lo apasionó el cine.

Muy joven asumió el compromiso de revisar la historia oral referida por su abuelo Andrés Herrera Vegas (1871/1948), distinta de la enseñada en las escuelas, de la historia oficial. Eso lo vuelca a investigar los hechos hasta encontrar cómo sucedieron, cuál era la auténtica personalidad de los personajes y cómo eran los escenarios en los cuales tuvieron lugar los grandes acontecimientos nacionales –asegura María Margarita.

En la juventud le interesó la ciencia pero también el humanismo, la cultura, el mundo de las ideas y del pensamiento universal. La influencia del padre, el psiquiatra Francisco Herrera Guerrero (Caracas 1902/España 1950), determinó los estudios de medicina (1946/1953) pero una vez en el oficio lo enamoró la psiquiatría (1954/55), factor determinante y presente en toda su obra como investigador y hombre de letras.

Al regreso de Europa (1955), en octubre de 1956 casó con María Margarita Terán Austria, unión de la que nacieron cinco hijos: Francisco (1957), Bernardo (1958), Martín (1960/1993), Mariana (1963) y Juan Manuel (1964/1987).

La pareja se conoció (mayo de 1956) durante una corrida de toros en el Nuevo Circo y a los cinco meses contrajo matrimonio. El noviazgo transcurre en la casa de la familia Terán-Austrias entre las 3ª y 4ª transversales de la avenida Mohedano de La Castellana. Antes de contraer matrimonio FHL residía en La Florida con su madre, doña María Luisa Luque Carvallo, viuda desde 1950.

Después de la boda en la iglesia de Chacao, “siempre lo vi en su escritorio trabajando. Compartí mucho con él en un principio. Él me decía Negrita y cuando escribía, como no existía la computadora, él redactaba, leía, corregía, cortaba el papel, lo pegaba con teipe, subía un capítulo con otro a punta de tijera y goma; después me decía con cara de imploración: “Negrita, ¿por qué no me pasas estas páginas en limpio?”.

Los primeros años del matrimonio transcurrieron en diversos domicilios incluyendo Caraballeda. A falta de techo propio, vivieron alquilados en Baruta, en el edificio “Estoril” en Los Palos Grandes así como en cierta quinta de indiscutible comodidad situada en la Quinta Avenida de esa misma urbanización. Allí pasaron poco tiempo pues pronto percibieron lo que parecía la presencia de un alma en pena. “La historia en esa casa terminó cuando un amigo nos trajo la información de que en medio de una discusión, en plena sala, el marido hirió de muerte a su esposa”.

En búsqueda de algo mejor y sin rastros de muerte, dieron con la propiedad a la venta por el general (Ej) Elías Antonio García Barrios (promoción 1952), situada en la Avenida 12 de Altamira. La quinta “La Tercera” –subiendo, tercera parcela del lado izquierdo- era hermosa, espaciosa y se ajustaba a las crecientes necesidades de la familia.

“Pancho carecía de dinero… Jamás tuvo plata ni siquiera después que con su trabajo como médico y catedrático universitario, investigador y escritor casi a tiempo completo, se comienza a figurar entre los autores que más libros ha vendido en la historia editorial del país”.

Pero se atrevió a comprar por 190 mil bolívares la casa de García Barrios cuando la abuela Alejandrina Carvallo de Luque le dona al aventajado y afectuoso nieto, un galpón en Quinta Crespo. A poco de Pancho recibirlo, el local fue expropiado para dar paso a una obra pública. El gobierno lo pagó con tal prontitud que Herrera Luque pudo cancelar la cuota inicial.

Recién mudados optaron por cambiar el nombre a la casa: “San Martín” en lugar de “La Tercera”. Doña María Luisa Luque fue devota de San Martín, la razón para el cambio.

El inmueble de dos plantas tenía detrás terreno que el nuevo propietario se ocupó de sembrar de frutales y organizar un jardín hermoso donde los cinco hijos soñaban con la llegada del “fin de semana para hacer nuestras parrillas, mientras nos contemplabas a todos monearnos por cada uno de esos árboles que sembraste en esa quinta de Altamira que nos vio nacer”.

De la casa de Altamira que al escritor rodeaba de comodidades para trabajar aislado e incluso a partir de determinado momento, atender a los pocos pacientes que recibía al resolver dedicarse a escribir el mayor tiempo posible, a Mariana Herrera Terán le resultan inolvidables: el cuarto de trabajo de su padre situado en el ático, de dónde provenía “el taquititaqui de su máquina de escribir,… el olor a cigarrillo y la Jean Marie Farine,… En el estar, la televisión (prendida) y todos los cojines en el piso () cuando nos explayamos mis hermanos y yo después de hacer las tareas… La puerta de la biblioteca (sometida a) la norma (): “mientras escuchen la máquina de tu papá no pueden entrar” (donde con absoluta seguridad lo hallarían) con (el) cigarrillo en la boca y su marcador negro haciendo sus últimas correcciones…, la silla de cuero…”

Con extrema crudeza Bernardo considera que “San Martín representó un hogar militarizado. Teníamos reglas muy estrictas para la convivencia. Teníamos un decálogo detrás de las puertas de cuarto,… desayunar a las siete todos juntos. Estar todos sentados a una hora fija para el almuerzo y no se comía fuera de horario. Las visitas estaban prohibidas. No disfrutamos de una infancia: prohibido jugar ni ver tv entre dos y seis, que era la siesta de mi papa. Vimos crecer la hiedra y los árboles que sembramos mis hermanos con mi papá”.

“Siempre me sentí volcada a quitarle a Pancho las mayores preocupaciones domésticas para que realizara su obra… -comenta la señora Herrera Luque antes de agregar: “Su búsqueda e investigaciones siempre fueron en solitario. ¡Su musa era Venezuela! Repetía: educar, educar, educar. Hay que estimular la lectura porque no sólo es instruirse sino también estimular el recogimiento espiritual”.

Agrega María Margarita: “La máxima preocupación de FHL era la violencia que siempre ha estado presente en la personalidad del venezolano, en buena medida la razón de tres de sus libros: Los viajeros de Indias, Las personalidades psicopáticas y La Huella Perenne”.

El ruido de las teclas fue constante a lo largo de la residencia (1963/1989) en la quinta “San Martín” pues cierto día Gabriel García Márquez le preguntó a FHL cómo escribía, si a máquina o a computadora:“¡Con máquina!” -respondió. Entonces Gabo le prometió una computadora si se comprometía a usarla. Lamentablemente cuando llegó, Pancho había fallecido.

La muerte de Juan Manuel hizo irresistible la permanencia en la casa de la Avenida 12 de Altamira la cual se prologó 26 años. El muchacho estaba en la recta final de los estudios de medicina cuando una enfermedad lo condena a sobrevivir irremediablemente apenas meses.

En 1989 los Herrera-Terán se reubican en un apartamento arrendado muy bien situado en la parte baja de La Castellana, municipio Chacao.

En diálogo imaginario entre Mariana y su padre, él habría referido: “Viniendo para la plaza (Altamira) me di cuenta que en este municipio pasé los mejores años de mi vida. Al nacer Pancho tu hermano mayor, logramos mudarnos a un reducido apartamento en los Palos Grandes por supuesto alquilado, mi sueldo de médico recién graduado no me permitía más lujo, hasta que finalmente compré lo que fue mi primera y única casa. Como ya tu sabes las penurias que pasamos con la enfermedad de tu hermano tuve que vender la casa, gracias a dios nuestro vecino (Amadeo) Marcos al que no lo hiciera al que yo me negué y le ofrecí que mejor me comprara la casa y así se hizo. Fueron momentos muy duros, siempre dije que de mi casa saldría con los pies pa´lante, pero el destino me cambió la jugada, sentí temor de también tener que salir de mi entorno de cuarenta años, pero ya sabes como es tu mamá…”

En el apartamento de un amigo residente un piso más arriba en el mismo edificio, la noche del 15 de abril de 1991, a los 64 años de edad, un ataque al corazón puso fin a la presencia terrenal de ese venezolano “que siempre debe ser leído y siempre recordado como el gran escritor gracias a cuyos renglones pudimos penetrar en el alma de Venezuela y en sus graves conflictos y enigmas” –afirma su biógrafo, el crítico literario e historiador Roberto José Lovera De Sola.

Nicomedes Febres Luces, médico, historiador, coleccionista, marchad de arte, de la obra de FHL resalta el valor que le imprimió “al complejo cultural y genético de nuestro país, enfrentado (por) Herrera Luque, quien aparte de ser el psiquiatra que fue, manejaba la Historia de Venezuela como muy pocos. Por eso, tirios y troyanos temen a Herrera Luque pese a que su obra se defiende sola, aunque algunos la traten de ignorar”.

Alfredo Schael


Francisco Herrera Luque (Caracas 1927/1991) en la biblioteca de la casa donde residió 27 años en la parte alta de la urbanización Altamira.


El espacio posterior de la quinta “San Martín” aprovechada para el goce por toda la familia –incluido el mastín inglés Paton- hasta la irreparable pérdida de Juan Manuel.


El espacio posterior de la quinta “San Martín” aprovechada para el goce por toda la familia –incluido el mastín inglés Paton- hasta la irreparable pérdida de Juan Manuel.


La pareja Herrera-Terán en la sala de la quinta “San Martín”.


Oldsmobile sedán 1966 blanco igual al que al poco de haberlo adquirido el hampa se lo llevó del garaje de la quinta “San Martín” con el Niño Jesús que los esposos Herrera Luque-Terán habían comprado la víspera del 24 de diciembre de 1966.


Pancho se distrajo sembrando frutales en el amplio patio trasero de la casa de Altamira en la que escribió la mayor parte de su obra científica e histórica contenida en libros desde 1957 de gran demanda objeto de las más controversiales análisis.


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Tertulia: "Mis anécdotas preferidas" (Sábado, 18/06/2016)


HOMENAJE A FRANCISCO HERRERA LUQUE

HOMENAJE A FRANCISCO HERRERA LUQUE
En el marco de los 25 años de su fallecimiento

I.

El sábado 16 de abril y con una sala llena de amigos, María Margarita Terán, abrió el homenaje que por sus 25 años de fallecido le brindara a Francisco Herrera Luque la Fundación que lleva su nombre. Carmen Verde Arocha y Nicomedes Febres Luces tomaron la palabra para desde sus propias experiencias evocar a tan destacado escritor, psiquiatra y personaje público que dedicó sus conocimientos para y por los venezolanos.
Carmen Verde, conoció personalmente a Francisco Herrera Luque, como una joven estudiante de 5to. año de Letras en la UCAB, realizando su tesis de grado que consistía en un ensayo sobre La luna de Fausto y que terminó convirtiéndose en el libro: El quejido trágico en Herrera Luque. Tan sólo tuvo oportunidad de compartir con él durante 6 meses que describe con gran intensidad.

Su primera conversación con el escritor fue el 4 de octubre de 1990 y tenía como finalidad hacer una cita para conocerlo y presentarle su trabajo para realizar la tesis de grado a lo que él le responde: “La espero el 4 de octubre a las 5 en punto, ni un minuto más, ni un minuto menos.” Ella comenta que quería preguntarle: ¿Doctor, que hora tiene su reloj?, para cronometrar el suyo y no llegar tarde. Él continuó: “Usted es puntual, usted es la última persona que quiero conocer, no quiero conocer a más nadie.”

Carmen Verde continúa sus vivencias personales: “Frecuentaba una soledad inhumana por elección propia, se sentía vulnerable ante la vida, sincero al extremo, de una franqueza en su palabra única parecía hundirse detrás de su vieja máquina de escribir, con sus lentes, soberbio, fumaba un cigarrillo detrás de otro. Mientras sus novelas, sus ensayos, viajaban por toda Venezuela, sumando lectores…

Le gustaba hablar con la gente sencilla, recuerdo que era amigo del muchacho del quiosco: “Aprovecho esta oportunidad para hablar con las personas, me gusta pasar inadvertido entre la gente humilde, aprendo de ellos, los descubro y me descubro. Yo soy psiquiatra y eso me ha permitido aprehender al mundo de manera distinta”…

Cuando lo conocí vivía un proceso de introspección, cada entrevista con él era una enseñanza sobre la vida, sobre lo humano, sobre el sufrimiento, sentía un gran respeto por su palabra. Había una verticalidad en su escritura, en sus acciones y en su manera de estar en el mundo. Era un hombre que buscaba, pero no en los libros, ni en el cielo, sino en su interioridad…

Así comenzó mi camino en la literatura, de la mano de Francisco Herrera Luque.”

II.

El Dr. Nicomedes Febres Luces, por su parte, es un médico psiquiatra como lo fue Herrera Luque y, desde ese punto de vista enfocó su ponencia: ¿Por qué somos cómo somos?, para mostrarnos a un hombre que nunca abandonó su profesión y que aún 25 años después de haber fallecido sus pacientes siguen diciendo: Él fue mi médico, yo lo quería mucho, me ayudó mucho, sabía escuchar a sus pacientes.
Dice el Dr. Febres: “Los médicos somos dos cosas antes de ser médicos, primero, somos humanistas… El otro rasgo distintivo de los médicos es que somos obsesivos con las dudas, de allí lo minucioso de nuestros escritos, que no son un ejercicio de la vanidad o de la erudición, sino obsesión por la verdad verificada. Cuando nos involucramos en el humanismo… es para también responder las preguntas que nos inquietan sobre el colectivo que somos…

Para escribir como lo hizo él (Francisco Herrera Luque), fue necesario ir a la historia y estudiarla con ahínco, dominarla con una gran erudición, una asombrosa erudición diría yo; esa de leer y leer libros y comparar y comparar libros y luego con la formación psiquiátrica tenida por sus múltiples estudios académicos… lanzarse a proponer una hipótesis tan acabada como fue la suya para responder a la agobiante pregunta: ¿Por qué somos como somos? Para Herrera Luque sus libros primigenios Los viajeros de Indias, Las personalidades psicopáticas y La huella perenne, además  del testimonio de sus investigaciones y reflexiones históricas y psiquiátricas, constituyen la base de la conformación de sus hipótesis patológicas sobre nuestra personalidad social, lo que abre una senda para el estudio de una psiquiatría social para todos los latinoamericanos , porque las tesis de Herrera Luque son válidas para cualquier nación de nuestro continente y los escritores de otros pueblos hermanos deben abrevar en su obra para abordar su propia historia mestiza… Además presumo, que cuando se haya avanzado más en el estudio del genoma humano, cuando los estudios genéticos, temas que se ve, seducían al autor, sean cosas de cada día y la psiquiatría haya avanzado mucho más, las tesis de Herrera Luque habrán demostrado su pertinencia…

…la Historia debe ser un instrumento útil para develar el provenir y pronosticar el futuro. Y leyendo su obra (la de Herrera Luque) vemos las claves de lo que vivimos hoy. Cito de Los viajeros de Indias este párrafo referido a lo susceptibles y pleitistas de Venezuela: “Se caracterizan por su extremada sensibilidad a la afrenta, por un orgullo proporcional y por un desmesurado afán de mando y de superioridad. Sólo tienen una obsesión: el culto por sí mismos. Su narcisismo llega a tales extremos que el individuo más inteligente de esta naturaleza no deja de hacerle mella a la crítica más leve y justificada, lo mismo que la más ridícula de las lisonjas. Los extremos a los que pueden llegar a causa de su orgullo son siempre absurdos. Cuando alcanzan posiciones privilegiadas, son magnánimos con sus incondicionales y feroces con sus detractores. Su egocentrismo no acepta el derecho a disentir. Su tendencia natural es la dictadura. Como subalternos y compañeros son desleales y envidiosos. No pueden soportar el éxito ni el bien de los demás. Víctimas de su egoísmo, no toleran la más mínima dependencia o jerarquía…” (Viajeros de Indias, pág. 18, 1970).

Cuánto dolor y sufrimiento, cuántas tragedias nos hubiésemos evitado los venezolanos de hoy si este escrito de Herrera Luque hubiese sido más conocido, quizás nos hubiese prevenido a los venezolanos… De allí presumo que toda su obra novelística fue una manera de tratar de hacerse entender en lenguaje coloquial de por qué somos como somos.”

Se reproduce texto completo del Dr. Nicomedes Febres Luces.
¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS?
Los médicos somos dos cosas antes de ser médicos, primero, somos humanistas que usamos la técnica y la tecnología que los investigadores nos dan para diagnosticar y curar. Nos paseamos además por la lógica aristotélica de la causalidad para diagnosticar, pero también por la lógica dialéctica para saber también lo que no tiene el paciente, y así descartamos otras enfermedades para reducir nuestros errores y curar mejor. Esa lógica tiene como nombre en nuestro medio el de Diagnóstico Diferencial. Y sin duda, nos valoramos en función de los aciertos, lo cual nos apega a la verdad. Mientras en más enfermos acertamos en los diagnósticos, más curamos y somos más eficientes, que es otra obsesión profesional. Por eso no confundimos nuestros deseos con la realidad, por dura que esta sea. El otro rasgo distintivo de los médicos es que somos obsesivos con las dudas, de allí lo minucioso de nuestros escritos, que no son un ejercicio de la vanidad o erudición, sino obsesión por la verdad verificada. Cuando nos involucramos en el humanismo, y estoy persuadido que una mayoría de médicos somos humanistas, es para también responder las preguntas que nos inquietan sobre el colectivo que somos. De allí surge una pregunta central que también compartimos con otros autores que no fueron médicos: Porqué los venezolanos somos como somos?. Allí está la obra de Picón Salas y su monumental ensayo o Gallegos en la novela, cuyos personajes son respuestas a esta interrogante subyacente en sus páginas.
Digo que es una pregunta que nos agobia y hablo en plural, porque uno leyendo las obras de cuatro eminentes médicos que con dedicación buscaron en la cultura respuesta a sus inquietudes, la pregunta ¿porque somos como somos? resume por todos lados. Con Manuel Díaz Rodríguez en sus novelas Ídolos Rotos o su Peregrina; con Jesús Semprún, quien con su tesis de grado Paranoia Persecutoria inicia los trabajos psiquiátricos en Venezuela, pero como a todos los aqui mencionados, la política atrapa y mete en problemas que les llevaron al exilio, allá en el exilio, el último mencionado desarrolló su gran obra sobre crítica literaria. El tercer médico y escritor que se destaca también por su obra literaria es Isaac Pardo, un hombre que se sumerge en el mar de nuestra historia del siglo XVI para escudriñar a esa historia y fábula portentosas que buscan y que en su caso es el motor que lo impulsa, y es la misma pregunta: ¿Por qué somos como somos? Fue el ensayo la forma de don Isaac de explicarle el paisa su pequeño hijo y a todos nosotros. Es la pregunta que se escurre entre las palabras de Esta Tierra de Gracia, 0 Fuegos bajo el Agua: la invención dela Utopía. Línea tras línea, o brazada tras brazada, Pardo, notable neumonólogo de su tiempo y fundador de los estudios sobre tuberculosis junto al viejo José Ignacio Baldó, trata de indagar en ese viaje, donde la fábula acompaña a la historia, porque los hombres de aquél tiempo estaban dominados por la convicción de ver un Nuevo Mundo. Uno se pregunta: como don Isaac pudo en aquél tiempo apacible, sin internet, con una bibliografía difícil de obtener, sin Google, con medios de comunicación precarios o lentos, pudo repito, estudiar medicina, curar enfermos, ejercer la política como ciudadano preocupado por su país y además escribir ese portento de obra cargada de erudición, respetando además a los autores con los que dialogó, porque, como lo apuntará ese otro monstruo de la inteligencia que fue Juan Nuño, con los autores de otro tiempo, uno no solo los lee, sino que también conversa con ellos con los ojos.
Cuando la tinta de la imprenta aún estaba fresca por la publicación de Esta Tierra de Gracia, sale a la calle la portentosa obra Los Viajeros de Indias de Herrera Luque.
El último rey dela baraja es pues Francisco Herrera Luque, cuya memoria nos convoca hoy aquí, y no voy a referirme a sus apasionantes novelas, pero si un poco a la génesis de ellas. Para escribir como lo hizo él, fue necesario ir a la historia y estudiarla con ahínco, dominarla con una gran erudición, una asombrosa erudición diría yo; esa de leer y leer libros y comprar y comprar libros y luego con la formación psiquiátrica tenida por sus múltiples estudios académicos que lo llevaron a ser profesor de psiquiatría en la universidad, a lanzarse a proponer una hipótesis tan acabada como fue la suya para responder a la agobiante pregunta: Porque somos como somos? Para Herrera Luque sus libros primigenios Los Viajeros de Indias, Las Personalidades Psicopáticas y La Huella Perenne, además del testimonio de sus investigaciones y reflexiones históricas y psiquiátricas, constituyen la base de la conformación de sus hipótesis psicopatológicas sobre nuestra personalidad social, lo que abre una senda para el estudio de una psiquiatría social para todos los latinoamericanos, porque las tesis de Herrera Luque son válidas para cualquier nación de nuestro continente y los escritores de otros pueblos hermanos deben abrevar en su obra para abordar su propia historia mestiza. Pero sus hipótesis lanzadas hace más de cincuenta años, en aquella época de la plena Guerra Fría, donde se pretendía ideologizar y sacrificar a cualquier conocimiento para justificado todo, al ser esas hipótesis tan libres de cualquier ideología, y con lo limitado que era el conocimiento psiquiátrico de entonces, hacen de su trabajo una producción no solo novedosa, sino revolucionaria en el campo del conocimiento psiquiátrico. De allá a aquí han surgido muchas hipótesis psiquiátricas en el mundo, surgieron los lacanianos, se reformó el estructuralismo, la psiquiatría marxista demostró que era un bodrio, como todo lo suyo; surgieron nuevas drogas como las benzodiacepinas que no se conocían entonces y que actúan sobre el sistema nervioso más allá de los barbitúricos que era la piedra angular del tratamiento psiquiátrico cuando Herrera Luque escribió sus Viajeros de Indias. Además presumo, que cuando se haya avanzado más en el estudio del genoma humano, cuando los estudios genéticos, tema que se ve seducían al autor, sean cosas de cada día y la psiquiatría haya avanzado mucho más, las tesis de Herrera Luque habrán demostrado su pertinencia. Sin ese conocimiento histórico y psiquiátrico jamás hubiésemos disfrutado de Boves el urogallo, ni de Piar, como caudillo de dos colores o de la relación del doctor Fausto con el pobre Nicolás Federmann en La Luna de Fausto, menos aun de la vida y peripecias de Los Amos del Valle 0 lo que sucedió En la Casa del pez que escupe el agua. Pero uno no estudia Historia para mostrar erudición ni para solo conocer el pasado, la Historia siempre debe ser un instrumento útil para develar el porvenir y pronosticar el futuro. Y leyendo su obra vemos las claves de lo que vivimos hoy. Cito de Los Viajeros de Indias este párrafo referido a los susceptibles y pleitistas de Venezuela: “Se caracterizan por su extremada sensibilidad a la afrenta, por un orgullo proporcional y por un desmesurado afán de mando .y de superioridad. Solo tienen una obsesión: el culto por sí mismos. Su narcisismo llega a tales extremos que al individuo más inteligente de esta naturaleza no deja de hacerle mella la crítica más leve y justificada, lo mismo que la más ridícula de las lisonjas. Los extremos a que pueden llegar a causa de su orgullo son siempre absurdos. Cuando alcanzan posiciones privilegiadas, son magnánimos con sus incondicionales y feroces con sus detractores. Su egocentrismo no acepta el derecho a disentir. Su tendencia natural es la dictadura. Como subalternos y compañeros son desleales y envidiosos. No pueden soportar el éxito ni el bien de los demás. Víctimas de su egoísmo, no toleran la más mínima dependencia o jerarquía. Por eso tienden a desposeer al jefe, a la vez que posesionarse de toda agrupación. Da lo mismo que sea un club social o un partido político. Siempre propenden a la división o escisión de los grupos. Donde se encuentra una personalidad de este carácter, difícilmente hay coexistencia pacífica. Su mal es una enfermedad que solo se cura con el éxito. Consecuencia de este orgullo sin límites a su extremada susceptibilidad: un saludo no contestado a tiempo, un retardo en una cita, una negativa a sus demandas, pueden transformarlos en los enemigos más irreconciliables. Durante años rumiarán la afrenta, no escatimando en la evidente desproporción que existe entre las pretendidas afrentas y las dimensiones de su venganza”. Viajeros de Indias. Pág. 18. 1970. Cuanto dolor y sufrimiento, cuantas tragedias nos hubiésemos evitado los venezolanos de hoy si este escrito de Herrera Luque hubiese sido más conocido, quizás nos hubiese prevenido a los venezolanos, porque supongo que saben ustedes de quién está haciendo Herrera el retrato hablado que les he leido. De allí presume que toda su obra novelística fue una manera de tratar de hacerse entender en lenguaje coloquial de porqué somos como somos.
Buscando respuestas a la demoniaca pregunta de porque somos como somos, he escrito sobre historia de nuestra vida cotidiana y para el libro La Riña de Gallos, el Último rito Feudal, al leer a Herrera Luque encuentro una explicación a nuestros rasgos. Apunte al final de un capitulo y perdónenme la inelegancia de citarme a mi mismo. Digo lo siguiente: Para concluir, citemos una vez más a Herrera Luque para concretar el carácter de padrote de los señores feudales devenidos a lo largo de nuestra historia: “Ellos fueron más, pero mucho más que un simple semental que hizo germinar su esencia en las mujeres de las razas vencidas. No es un simple problema, que ya lo es y grave, de genética humana que se proyecta en una monstruosa progresión geométrica. No se trata tan solo de que en la casi totalidad de los hombres de Venezuela palpite la irredenta estructura de los Viajeros de Indias, ni que en los cromosomas se mantengan perennes los cantos de lujuria y muerte; el problema fundamental de los Viajeros de Indias (que son los españoles que hicieron la América) es que ellos escribieron las primeras páginas de la historia nuestra, y que la siguen escribiendo, aunque se revistan de nombres y expresiones diferentes. De Viajeros de Indias rebosan nuestros arquetipos. Viajeros de Indias son nuestros héroes, aunque se llamen libertadores, caudillos de montoneras o tribunos de madrugadas trágicas. Los Viajeros de Indias no han muerto en la segunda mitad del siglo XVII; todavía agitan e interrumpen en los momentos cumbres de la historia contemporánea o en los instantes más lóbregos de la cotidianidad. Por eso decimos que la historia de Venezuela, además de estar silenciada, es una historia detenida”. Herrera Luque, Francisco. Los Viajeros de Indias. Ed Monte Ávila. Pág 235. 1970.
Pero también Herrera Luque nos previene de cara al futuro y uno, como un simple pregonero de las advertencias que nos dejó ante el porvenir, debo informarles entonces lo que él pensaba. En esa extraña novela póstuma publicada en 1992, un año después de su partida y llamada 1998, tal cual como el año cuando los venezolanos cometimos el peor error electoral de nuestra historia, Herrera nos alerta que el populismo iniciado con la famosa “gran Venezuela” de 1973, como la simple demagogia, atentan contra el futuro de la nación y narrando de manera fabulada el porvenir dice el autor lo siguiente, refiriéndose a lo que vendría: “que será de nosotros?, se pregunta casi sollozante, (el personaje central de la novela llamado Cap Tatén). ¿Qué será de mi? La primitiva provincia de Venezuela (refiriéndose a la vieja provincia de Caracas) carece de riqueza minera. El café y el cacao, que hasta 1940 eran parte importante de su economía han sido abandonados. La mayor parte de sus pobladores son, directa o indirectamente, parásitos del presupuesto. En Caracas salvo lo que tenga que ver con el juego y las diversiones, nadie trabaja. El inmenso acueducto, construido en su segundo gobierno, (ninguno de los dos concluyó) para llevar agua del Orinoco a Caracas y a los pueblos por donde pasa, fue clausurado por el Gran Estado de Guayana. (estado que se separó de Venezuela). A consecuencia de tal medida y del bombardeo anterior de las represas, la capital de Venezuela agoniza de sed, se pierden las cosechas y muere el ganado. La situación es catastrófica; la pobreza es extrema. La impagable deuda externa, luego de la segregación de las provincias orientales, occidentales y sureñas, cae de lleno sobre la empobrecida patria de Bolívar”. 1998. Pág. 37. Editorial Criteria.
1998, la obra póstuma del autor es una novela particular, allí Herrera Luque se vale de la figura del sueño, o mejor dicho de la pesadilla y el delirio de su personaje central y va hilando también los verdaderos problemas de una sociedad y su relación con el manejo del poder, desde el manejo del orden social, o el prudente manejo dela economía, hasta la urgencia de la necesidad de las políticas de población y natalidad o la reafirmación dela identidad nacional y el alerta permanente a la integridad de la nación. 1998 fue una novela futurista sobre Venezuela escrita por un hombre angustiado que conoce el país y su historia, que sabe del manejo del poder y del buen gobierno, de las responsabilidades del ciudadano y del político y se ve en el trasfondo una obra del hombre que ha leído desde El Príncipe de Maquiavelo hasta la Primer nueva Corónica y Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, el inca del siglo XVII que escribió ese largo ensayo explicando su mundo al rey Felipe III de España. 1998 es una lectura dolorosa, pero no existe amor donde no haya también un gran dolor. Y Herrera Luque es un hombre que amó con pasión a Venezuela y lo atormentó siempre la pregunta porque somos como somos.
Doctor Nicomedes Febres LucesCaracas, 16 abril 2016Homenaje 25 años fallecimento FHLBiblioteca FHL, Los Palos Grandes, Caracas

"Hay en mí 500 años de historia". Por Juan Alberto Dávila

Francisco Herrera Luque:

Hay en mí 500 años de historia

JUAN ALBERTO DAVILA

La muerte de Francisco Herrera Luque, acaecida el día martes 16 de abril de este año, no sólo ha puesto de luto a sus amigos, a sus fervientes lectores y a nuestra literatura de ver-dad venezolana y venezolanista, sino que abre el interrogante de si ese luto ha de empujar la puerta de los que están adentro y siguen ciegos frente a su obra, y develar por fin aquellas sombras que en lugar de oscurecerlo con su silencio no han hecho más que iluminarlo. Pero si no se abre, no importa. Porque la puerta del juez y la verdad no era ésa. Desde la aparición de sus primeras obras científicas y desde el surgimiento de su novela número uno hasta la última, la puerta del aplauso y del éxito anda por todas partes y, hay que decirlo fuerte, así ha de seguir, y bien abierta. La presente entrevista fue extraída de tres prolongadas conversaciones que el autor sostuvo con Herrera Luque en su residencia de La Castellana, entre noviembre y diciembre del año pasado, y publicada en el número de enero de este año en el periódico diplomático Su Excelencia. Su dueño y director, Lorenzo Campins, por respeto y admiración a Herrera Luque, y a solicitud del propio autor quien considera importante en interés del público lector la última entrevista hecha y publicada en órgano de prensa alguno, nos ha permitido reproducirla sin omitir detalles, en una entrevista del prestigio literario e intelectual como es Imagen, gracias a Esdras Parra, su directora. De las tres revistas, y es justo reconocerlo, la segunda fue compartida con la periodista Maritza Jiménez, quien el día lunes 17 de diciembre publicara en la primera página de la sección cultural de El Universal, un excelente reportaje en torno a la figura de Francisco Herrera Luque.

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