AUTOR: Durante la Colonia y primera mitad del siglo XIX, Barinas fue una de las ciudades más prósperas de Venezuela, llegando a tener una población de quince mil habitantes, que si hoy la cifra nos parece exigua, en aquellos tiempos era más que representativa. Bogotá tenía veinte mil habitantes, Caracas cuarenta mil y México y Nueva York no excedían el centenar de mil. Era rica en cueros, cacao y en especial tabaco, una de sus exquisiteces más codiciadas.
NARRADOR I: Dice la leyenda que el famoso tabaco de Virginia procede de las cepas barinesas, que por desgracia fueron arrasadas durante la Guerra Federal, sin que nunca más se volviese a dar en nuestra tierra aquel maravilloso tabaco, delicia de príncipes y magnates del mundo entero.
NARRADOR 2: Todavía se encuentran verdaderas piezas de museo, recipientes de porcelana con el nombre de Barinas, destinados a guardar aquel tabaco milagroso que para siempre desapareció de Venezuela, por obra de nuestra tremenda contienda de la Guerra Federal.
NARRADOR I: A comienzos del siglo XIX vivía en aquella populosa ciudad colonial uno de los más poderosos magnates nacido jamás en Venezuela. Se le conoce con el nombre de marqués de Pumar, contándose de él las más diversas e inverosímiles anécdotas: como fue su escandalosa petición al rey de embaldosar su casa con monedas. Es de advertir que la residencia del marqués es la actual Casa de Gobierno del estado, recientemente refaccionada y verdadera joya del arte colonial.
NARRADOR 2: Los pujos de este creso criollo quedaron sin efecto: el monarca español denegó su petición al argüir de que si las ponía de cara la gente pisarla su efigie, y si las colocaba de cruz pisaba las armas de España. Que si el señor marqués quería darse su gusto, que pusiera las monedas de canto. El marqués, como es de suponerse, renunció por onerosa a la real sugerencia. El señor de Pumar, símbolo de la nobleza criolla, murió nonagenario. No sabemos si alcanzó a oír la maldición que le lanzara a su casa un pordiosero venido de la paupérrima villa de Pedraza meses antes de que estallase la Guerra Federal, y su palacio fuese destruido e incendiado.
VOZ DE PORDIOSERO: Pedraza será Barinas, Barinas será Pedraza; y la casa del marqués, cagadero del que pasa.
AUTOR: Esta anécdota, que habla de la soberbia de un viejo o nuevo rico, aunque parezca mentira, ha sido ampliamente superada en nuestros días, como fácilmente puede demostrarse. Si un peso fuerte era del mismo tamaño de los antiguos fuertes que todos conocimos, y éstos tenían un diámetro de cuatro centímetros, quiere decir que veinticinco fuertes, uno tras otro, miden un metro; lo que a su vez quiere decir que cada metro cuadrado, de los que pensaba el marqués, valía seiscientos veinticinco pesos o fuertes, o lo que es lo mismo, tres mil ciento veinticinco bolívares. Si el marqués de Pumar regresara a nuestros tiempos se caería para atrás de la sorpresa y hasta le parecería irrisoria la cifra que hace más de un siglo parecía una locura, ya que el metro cuadrado de un mal apartamento, en el peor sitio de Caracas, excede esa cifra. Alcanzando un valor de ocho mil bolívares en algunos casos. Hoy en día si el marqués de Pumar extendiese sobre el suelo los pesos necesarios para comprar una vivienda, le faltaría espacio para colocarlos unos junto a otros.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Déjanos tus comentarios, preguntas y críticas.

Temas Relacionados:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Libro "Una Conversación Final"

 

Según Herrera Luque

Libros de Herrera Luque

Entendiendo la Historia

 

Página web realizada por Blogarizate
. Con la tecnología de Blogger.

Galería de imagenes

 

Blog Archive