Ramón y Pancho: desenlace de un encuentro en Miraflores


La muerte de Ramón J. Velásquez privará a la Fundación Francisco Herrera Luque (FFHL) de quien a partir de 1995 potenció la misión que nos trazamos y actuó como mentor hasta la actualidad.

Tuvo la deferencia de aceptarnos como uno de sus compromisos centrales e incluso presidirla, menos como nuestro reconocimiento a su valía intelectual y la prestancia del hombre público, que por el valor que el consagrado historiador académico, confería a la obra del psiquiatra y escritor Herrera Luque.

El doctor Velásquez, quien hizo de pedagogo a lo largo de una vida en la que jamás desperdició la oportunidad para instruir y abrir caminos a la juventud en la cual tuvo fe ciega y por ello le serviría sin tregua, el año 1961 recibió en el despacho de la Secretaría General de la Presidencia de la República, a Francisco Herrera Luque. Le lleva y deja sobre el escritorio, una de sus obras de juventud.

La diligencia para que se celebrara aquella audiencia la hizo un amigo común, Carlos Arcaya –recuerda María Margarita Terán, viuda de Pancho, como también Velásquez prefería referirse a quien desde aquella reunión palaciega, se convirtió en amigo muy especial, respetado, admirado, tratado con singulares deferencias.

Tras la lectura del manuscrito en su versión de entonces, el Secretario de la Presidencia de la República da la orden para que la Imprenta Nacional prepare la primera edición de Los Viajeros de Indias.

Algo sabría el presidente Rómulo Betancourt acerca de Herrera Luque, de 34 años de edad, de lleno en las lides universitarias luego del regreso de España, para incorporarse a la UCV como docente, pues le comentó a Velásquez: “No te metas en esa vaina”.

Sin embargo, la imprenta hace su trabajo y en pocas semanas, luego de la presentación de la obra, Los Viajeros de Indias estaba convertida en una referencia literaria y científica nacional. Circulaba profusamente pues –como lo dijo el colega de Pancho, Eloy Silvio Pomenta: “generó polémicas y controversias. Se atrajo el ataque de psicoanalistas con su énfasis en el trauma infantil y la crianza. Y también de psiquiatras con influencias marxistas e izquierda, que priorizaban el origen ambiental y social de las enfermedades mentales. Todo lo relacionado con herencia era considerado reaccionario y fatalista”.

Roberto Lovera De Sola, uno de los biógrafo de Herrera Luque, crítico literario e historiador, comenta: “cada vez que circularon Los viajeros de Indias tuvieron la suerte de agotarse inmediatamente. Todo lo explicado nos indica que Herrera Luque trabajó en Los viajeros de Indias durante veinte años, desde que, en 1950, se hizo las primeras conjeturas sobre la sobrecarga psicopática que encontraba en los venezolanos, en el proceso que lo llevó a la primera versión concluida en 1952, la que publicó en 1961, con cierta celeridad porque se dio cuenta que sino hacía público su libro sus ideas serían plagiadas, prosiguió al vertebrarla como tesis de grado, presentada con el título que hemos referido antes y más tarde al preparar su edición definitiva”.

En 1970, en ocasión del primer tiraje convenido con la editorial Monte Ávila, el autor apuntó que Los Viajeros de Indias seguía siendo “su obra fundamental". Los Viajeros arrastraba consigo los más diversos comentarios dentro y fuera del país. En el prólogo Herrera Luque lo admite complacido y satisfecho porque “Hasta la fecha (1970), y recopiladas por el autor, hay ciento diez notas, críticas y comentarios sobre Los Viajeros de Indias (Imprenta Nacional, Caracas, 1962).

Todo lo contrario a un desacierto consideró el doctor Velásquez favorecer con el patrocinio del Estado, la primera entrega de libro Los Viajeros de Indias. Herrera Luque vuelca con pasión su talento, energía y creatividad hacia la investigación y la literatura.

Cada paso del desarrollo de la vocación literaria de Pancho lo sigue Velásquez para reconocer, estimular y resaltar los valores presentes en la obra histórico-literaria de aquel caraqueño del año 1927. Los 11 años de edad que los separaba no hacían mella para tratarse con tal familiaridad que el polémico, siempre controversial Herrera Luque, no evita nutrirse con las opiniones y visiones compartidas con Velásquez quien, en 1995, acepta formar parte de la directiva de la FFHL, creada tres años antes por notables intelectuales que consideran conveniente y necesaria la iniciativa de institucionalizar el estudio, difusión y proyección de la personalidad y obra del escritor que en un año antes de su muerte en 1991, optó por dejar de lado el ejercicio profesional. “¡Manuel Felipe Jaramillo, a mí lo que me interesa es escribir, la literatura!” – le manifiesta al colega en otro de sus actos de profunda sinceridad.

La primera iniciativa de Velásquez como presidente de la FFHL fue consignar en la Biblioteca Nacional los manuscritos de los libros de Pancho. De ahí en adelante, acompañarnos con la presencia, orientación, asesoría e incluso juzgar con dureza proyectos y propuestas rechazados con argumentos de peso.

Imposible olvidar que apenas una semana antes de la fecha programada, Ramón J. Velásquez llama a María Margarita para decirle que él no tomará parte en el acto previsto para ofrecerle un homenaje ya organizado que tendría como escenario el auditorio de la Casa Rómulo Gallegos, sede del CELARG. “Venezuela no está para rendir homenajes” –comentó en carta que también hizo publicar en la prensa. 300 personas habían confirmado que asistirían.

Sin embargo, nos dispensó el tiempo suficiente para que César Cortes grabara la única biografía del doctor Velásquez narrada por él mismo, documento recogido por la FFHL en un CD publicado con el título Un hombre con historia, gracias a la contribución de BANCARIBE.

Ramón J. Velasquez dirigió la Fundación Francisco Herrera Luque junto a María Margarita Herrera y su directiva, quien con incansable persistencia ha encaminado un conjunto de actividades y eventos de los cuales Ramón J. Velásquez siempre sugirió sus títulos y temas porque era extraordinario tomando el pulso del país, las Jornadas Anuales de Reflexión así lo expresan: Balance del Siglo XX, Balance psicosocial del Venezolano, Fin a la Violencia, Hacia donde vamos, Las inmigraciones a Venezuela en el siglo XX y Como construir un país en nuestro tiempo, entre otros. Reflexiones que fueron editadas en publicaciones de la Fundación al año siguientes del evento. Hoy, la Fundación asume el reto de continuar la labor de Ramón J. Velasquez para continuar consolidándonos como una fundación con fines educativos y culturales y continuaremos bajo el lineamiento de Dr. Velasquez “la formación del individuo es fundamental para el país”.

Su brillantez, agudeza del pensamiento, capacidad de análisis, estimulantes mensajes siempre para edificar, claridad de su escritura, afirmación de los valores humanísticos y científicos fundamentales, estímulo a la comunicación y al compromiso con la docencia, educación, la comunicación, resaltar la historia y la literatura, en general el libro y la cultura, en fin sus palabras sabias siempre nos inspirarán y marcarán nuestro rumbo.

Entre los integrantes de la Fundación, su presencia pasa a ser espiritual, afectiva, ejemplo y responsabilidad inquebrantables de gratitud y admiración.

 


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