Según Herrera Luque: "El dedo de Madariaga"



AUTOR: Ayer, Domingo de Pascua, fue 19 de abril; lo que ha sido muy lamentado por la colectividad venezolana...

Voz 1: (Escandalizada) ¿ Cómo que fue lamentado por los venezolanos? Es una irreverencia tamaña decir una cosa semejante. El 19 de abril es uno de los días fáusticos de la venezolanidad; es el primer paso hacia nuestra Independencia... ¿Cómo va a ser lamentado?

Voz 2: Es que hubiese sido mejor si cae otro día... digamos el miércoles o el jueves y no un día doblemente festivo por Domingo de Resurrección. ¿Se imaginan el tronco de puente que se hubiese armado?

AUTOR: El amigo ha explicado cabalmente lo que quería decir. El 19 de abril, como decía el señor, es una de las tres fechas más importantes de nuestra historia. En esa fecha, hace ciento setenta y un años, Venezuela cambió su destino; y dio el primer paso hacia la Independencia, para hacerse ésta definitiva el 5 de julio de 1811.

Voz 1: ¿Y a qué viene el título «El dedo de Madariaga»?

AUTOR: A una sobada explicación que se viene repitiendo en los textos de primera enseñanza y que, en mi opinión, minimiza, desvirtúa y hasta degrada aquel magno acontecimiento...
Voz 2: Explíquese.

NÁRRADOR: La historia es tan conocida que resulta ociosa contarla. Como ustedes recordarán, el último Gobernador y Capitán General de Venezuela, don Vicente Emparan, ante la negativa de los patriotas de que continuase gobernando, en un arranque, se asomó al balcón bajo el cual se aglomeraba el pueblo, y preguntó a éste con voz clara e inteligible: Murmullo de voces. Silencio.)

EMPARAN: (Estentóreo) Venezolanos. ¿Desean que yo continúe gobernando?

NARRADOR: Según algunos historiadores la multitud, ante la pregunta del Gobernador español, y que tuvo un momento de vacilación que afortunadamente fue salvado por el canónigo chileno José Cortés de Madariaga, quien con el dedo le hizo señas negativas al bravo pueblo.

CORO: ¡No...!

Voz 1: No lo queremos.

NARRADOR: Ante la negativa que indujo Madariaga, el Gobernador muy lastimado en su amor propio, respondió:

EMPARAN: (Melancólico) Bien, si ustedes no quieren mi gobierno, yo tampoco quiero mando...

CORO: «¡Sí, sí, sí lo queremos...!»

Voz 1: (Suplicante) «¡Quédese, por favor, señor Gobernador!»? fue el del 19 de abril. Los dirigentes políticos e intelectuales de la época y, entre otros, el propio Libertador, calcularon y sopesaron cada uno de los pasos; no sólo en Caracas y en las otras ciudades de Venezuela sino en coordinación con el resto de las naciones hispanoamericanas, desde México hasta la Argentina; lo que revela una acción compleja, con el auxilio muy probable de Inglaterra y su flota.

NARRADOR: Desde hacía más de tres años, incluso antes dique Napoleón invadiese España, se conspiraba en favor de la Independencia.

Voz 1: Napoleón Bonaparte —hecho que suele ignorarse— había tenido secretas entrevistas con los patriotas hispanoamericanos, prometiéndoles la Independencia, siempre y cuando se pusiesen de su parte en su lucha contra Inglaterra.

NARRADOR: En 1808 se develó una conspiración. Sus autores fueron tratados con magnanimidad por las autoridades españolas, obligándoseles apenas a quedarse en sus fundo. Tan pronto se supo la invasión de España por los franceses, los patriotas, aunque invocaron los derechos de Fernando VII para desconocer a Napoleón, ya estaban decididos a emanciparse.

Voz 1: El primero en saberlo era el Gobernador Emparan, amigo personal de los conspiradores y convencido por éstos de que había llegado el momento de la Independencia.

Voz 2: Emparan se embarcó en La Guayra, de retorno a España, con todos los honores debidos a su investidura.

NARRADOR: Tanto la nobleza como la clase media y el pueblo estaban perfectamente enterados de lo que se proponían los patriotas, ya que éstos desde hacía tiempo hacían propaganda abierta a sus ideales.

Voz 1: «Las fuerzas vivas» consideraban inevitable la separación de España.

Voz 2: Todo cuanto sucedió aquel día, desde la frase de Salias: «Señor, retornad al Cabildo», hasta la consulta de Emparan al pueblo, era mero simbolismo de un proceso político largamente preparado como para atribuirle al dedo de Madariaga poderes milagrosos.

NARRADOR: ¿Se imaginan ustedes la cantidad de agitadores que habría entre aquella multitud, a quien historiadores o ilusos, suponen tácitamente inerte?

Voz 1: (En voz baja) Llegó el momento, muchachos. Adentro están los jefes con el Gobernador. Ahora o nunca.

Voz 2: Tenemos que dar la idea de que estamos unidos. Ya no hay reyes en España, sino un usurpador, un franchute.

Voz 1: El Gobernador no representa al Rey de España, a quienes ustedes deben fidelidad, sino al Emperador de los franceses. Vamos, muchachos, que allí se asoma Emparan.

EMPARAN: (En tercer plano) Venezolanos, ¿desean que yo continúe gobernando?

Voz 1: (Susurrando) Digan que no...

Voz 2: Díganle que no lo quieren...

Voz 1: (A gritos) ¡No lo queremos...!

Voz 2: ¡Que se vaya! ¡No lo queremos!
( CORO: ¡Nooo...!)

AUTOR: Así es como necesariamente tuvieron que producirse los acontecimientos y no de la forma como nos lo han enseñado. Lo contrarío es tildarnos de ser un pueblo de borregos, que reacciona y actúa según se mueva el dedo de Madariaga.

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