Según Herrera Luque: ¿Usted no sabe quién soy yo?


AUTOR: «Una nación sin héroes —escribió García Márquez— es como una casa sin puertas.» Estoy de  acuerdo con esta afirmación. Los héroes, y en especial en los inicios de la historia de una nación, son líneas de cristalización, alrededor de los cuales se aglutina el pueblo, a la vez que lo encarnan. Son los pueblos los que hacen a sus héroes, y no los héroes los que hacen sus pueblos. Bolívar es la encarnación ideal del buen venezolano.

NARRADOR: Hay algo en la vida de un pueblo más importante que sus héroes.

UNA voz: (Irritada) ¿Qué puede ser más importante que el héroe? ¿Qué puede ser más importante que Bolívar?

AUTOR: Las instituciones. Los héroes en un momento determinado catalizan, verbalizan, ponen en marcha un proceso social latente inevitable y a punto de aflorar, pero no lo generan por ellos mismos si no están dadas las condiciones.

Una voz: (Con redoblada indignación) ¿Insinúa usted acaso que Venezuela se hubiese independizado de España sin Bolívar?

AUTOR: Por cierto. Tal vez se hubiese retrasado un poco; pero tarde o temprano se habría producido la independencia.

UNA voz: (Fuera de sí) ¡Jamás había oído un disparate mayor ni tanta falta de respeto!

AUTOR: Un momento, mi amigo; quiero que me escuche con calma y verá cómo tengo razón. Las instituciones como el Congreso, el Concejo Municipal, el Ejército, las Academias, la Universidad, el hogar, son las verdaderas fuentes nutricias de un pueblo, que a su vez recogen la voluntad colectiva. El régimen de asamblea, salvo que esté mediatizado por los manipuleos de un caudillo, es la forma más sana —como lo demuestra la experiencia democrática—- para que una comunidad establezca las medidas más convenientes a sus logros y necesidades.

UNA Voz: (Despectivo) El régimen parlamentario en Venezuela es puro bla-bla. Míreme cómo está el país. En cambio cuando Pérez Jiménez todo marchaba derechito.

AUTOR: No le voy a negar que en lo material las dictaduras tienen sus ventajas.

UNA Voz: (Triunfal) Ahí tiene usted la autopista Caracas-La Guayra...

AUTOR: Pero, ¿qué le parece que usted dentro de este sistema político pueda despotricar contra él? ¿No le parece más importante la libertad de expresión, el respeto a la dignidad humana y la conciencia política que tienen los venezolanos de nuestros días, a todos los beneficios materiales que nos brindo la dictadura? ¿No le parece espantoso que, a usted o cualquiera, lo pongan preso por un chisme, y que un sayón lo veje y torture sin tener a quién recurrir?

Una Voz: (Vacilante) Bueno... Si usted me pinta la cosa así, o reconocer que la democracia tiene sus ventajas. Pero tampoco me va a negar que en Venezuela restan muchos resabios de dictadura. Sin ir más lejos, la semana pasada me pasó o siguiente: Iba yo en mi carro con dos de mis muchachos, uno de dieciocho y otro de veinte, cuando'de pronto sentí un taparazo por detrás. (Ruido de frenos, choque de parafangos. Voces de protesta.) Mi hijo el mayor fue el primero en bajarse a reclamar:


HIJO MAYOR: ¡Epa, mi amigo! ¿Usted, como que no sabe manejar?

Voz DE EBRIO: (Enfurecido) ¿Cómo que no sé manejar, so falta de respeto?

HIJO MAYOR: (Recriminativo) Señor, usted está borracho.

Voz DE EBRIO: (Sorprendido) ¿Borracho yo? (Fuera de sí) Ahora, va a ver...
(Disparo de pistola, forcejeo.)

UNA voz: Cuando el borracho disparó, mi hijo se le fue encima y comenzaron a forcejear. Como si fuera poco, sus dos acompañantes, unos señores muy bien vestidos, agarraron al muchacho por detrás, y uno de ellos comenzó a estrangularlo; a lo que respondió mi otro hijo lanzándole un puñetazo al agresor que le ocasionó tres puntos de sutura.
(Efecto: Llega un carro policial haciendo sonar la sirena.)

POLICÍA: (Autoritario) ¿Qué pasa aquí?

UNA Voz: (Muy dueño de sí) Que ese señor acaba de dispararle un tiro a mi hijo, corno lo pueden atestiguar todas estas personas.

Voz 1: Sí, sí...

Voz 2: Trató de matarlo...

POLICÍA: (Dirigiéndose al borracho) Enséñeme su porte de armas...

BORRACHO: (Provocador y firme) No tengo...

POLICÍA: (Severo) Queda usted arrestado...

UNA Voz: (Con desencanto) Cuando ya creía que se lo iban a llevar preso, el padre del borracho, un señor muy bien empacado y con cara de jefe le dijo al guardia:

Voz DEL PADRE: (Engatando la voz) Tenga la bondad de venir aparte un momento, señor Agente, y déjeme mostrarle mi identificación.


UNA Voz: Sargento y padre se alejaron unos pasos y susurraron un poco cuando el padre del borracho le mostró una credencial. Casi inmediatamente regresaron:

POLICÍA: (Con entonación justiciera) Muy bien, señores, aquí no ha pasado nada, y que cada quien siga su camino...

UNA Voz: (Indignado) ¿Cómo que no ha pasado nada? El señor ha disparado contra mi hijo con intenciones de matarlo, conduce en estado de embriaguez y encima no tiene permiso para portar armas. (Alzando la voz) Usted no está cumpliendo con su deber.

POLICÍA: (Enfurecido) Le está faltando al respeto a la autoridad, queda usted arrestado.
(Murmullo de voces.) 1: ¡Esto es el colmo! 2: ¡Qué injusticia! 3: Después hablan de Pérez Jiménez...

POLICÍA: (Concluyeme) Además, aquí se ha producido un hecho de sangre, fíjese el ojo del señor.

UNA Voz: (Descompuesta) Pero si fue un caso típico de defensa propia. ¿Qué es lo menos que puede hacer una persona cuando ve que a su hermano, además de haberle disparado, lo están estrangulando?

POLICÍA: (Muy digno) Agente, meta a esos dos en la patrulla y llévelos para el comando.

UNA voz: Y así terminó el cuento. El frustrado asesino se fue con su papá, mientras nosotros, como tres delincuentes, fuimos llevados al retén, donde averiguamos que el padre del borracho es un alto funcionario gubernamental. ¿No es esto un atropello? ¿Es que hay alguna diferencia con las dictaduras? Ojalá el Presidente de la República se entere de este asunto. Estoy seguro de que, de saberlo, desposeería de su cargo a este funcionario que sólo sirve para desacreditar a la democracia.

NARRADOR: Cuentos como éste abundan no sólo en este gobierno sino en todos los que se suceden desde la caída de la dictadura. Hay ciertos venezolanos que parecen disfrutar de fueros y privilegios especiales, y que les basta decir a cualquier autoridad, luego de cometer un desafuero:

Voz 2: Mire quién soy yo, aquí tiene mi identificación.

NARRADOR: ...para que cese como por encanto la acción de la justicia. Son hombres que están por encima de las leyes. Son villanos que, validos de un cargo oficial o de un parentesco con algún jerarca, pisotean las leyes y las instituciones.

UNA voz: Lo que pasó con nosotros no sucede en ningún país civilizado. Donde rige el imperio de la ley, donde existe una verdadera democracia, de nada vale tener un papaíto importante, sea cual fuese su trayectoria.

NARRADOR: Ahí tenemos el caso de Nixon, que, Presidente y todo, fue destituido por violar las leyes. En Europa hay varios casos recientes de príncipes herederos de antiguas dinastías, metidos en chirona por infracciones de tránsito. Allá no se tiene que ver con lo que una persona sea o haya sido. Si infringe la ley es tratado igual que cualquier ciudadano.

UNA voz: ¿Por qué en Venezuela no sucede lo mismo? Por eso es que yo digo que no hay mayores diferencias entre democracia y dictadura.

NARRADOR: Aunque es innegable que abusos de esta naturaleza persisten, estoy seguro de que desaparecerán con el tiempo, especialmente si los gobernantes hacen ejemplar escarmiento de esos funcionarios que con voz amenazante amedrentan a los guardianes del orden con la mágica frase:

Voz DEL PADRE: ¿Usted no sabe quién soy yo?

AUTOR: Aunque parezca absurdo, todo eso deriva del personalismo, del culto a los héroes, del caudillismo, del régimen de intocables, que arrastramos desde nuestros orígenes. ¿Recuerdan ustedes el caso del General Patton? En plena guerra mundial se le obligó a pedir públicamente perdón a un soldado a quien había maltratado. Allí se vio muy claramente cómo la ley norteamericana está por encima de rangos y privilegios.

Voz SEGUNDA: Usted podrá ser todo lo héroe que le dé la gana. La nación le está muy agradecida por sus servicios, pero usted ha infringido una ley y está raspado. La Patria no es una alcancía de donde usted saca los favores recibidos.

NARRADOR: Páez habló de los libertadores liberticidas; de los que, por haber luchado en la Independencia, se creían por encima de leyes e instituciones. Eso ha continuado hasta nuestros días y el mal prevalece hasta en los partidos democráticos. En Venezuela exaltamos demasiado a los promotores y caudillos, cual si descansara sobre ellos la buena marcha de la sociedad. Eso va en detrimento de la buena imagen de las instituciones sobre las que sí reposa la marcha de un país. No es conveniente a la salud de Venezuela continuar exaltando el culto a la personalidad, ni esperando hombres providenciales. Los últimos presidentes de los Estados Unidos no se han distinguido precisamente por sus talentos. El país, sin embargo, marcha. Otro tanto acontece en Rusia. ¿Quiénes, de los que me escuchan, saben el nombre del Presidente de Suiza? Es, no obstante, una nación ejemplar, pues en dicho país, como en todo aquel que se llame civilizado, más importante es la ley que el dirigente. Sembrar esta idea y desterrar el personalismo de la mente de los venezolanos, es una de las tareas más urgentes de nuestra democracia.

AUTOR: Así es, así es... ¿Cuándo llegará el día en que uno de estos capitostes le diga a un pobre policía:

Voz DEL PADRE: ¿Es que acaso usted no sabe quién soy yo?

POLICÍA: (Amable) ¡Cómo no, mi estimado doctor! conozco su trayectoria, sé que es hermano del ministro y padre de un coronel, pero está usted arrestado por haberle sacado la pistola al señor.

Voz DEL PADRE: (Despectivo) A un pobre diablo como ése...

POLICÍA: (Sereno) No agrave su situación, que puede demandarlo por injuria. (Amable y firme) Venga conmigo, mi doctor. Y usted, señor, quédese tranquilo que nada le va a suceder. El agresor ha sido detenido.

Voz HUMILDE: Muchas gracias, señor agente, muchas gracias.

AUTOR: Ese día Venezuela será un país distinto.

Fuente: La Historia Fabulada (Segunda Serie). Págs. 22-27. 2da. Edición. Edit. Pomaire. 1982.

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