Según Herrera Luque: "Infiernos de primera, segunda y tercera"


AUTOR: En Venezuela, la mejor forma de evadir el mal juicio de la historia es dejarle a la descendencia muy buenos caudales; y que éstos los conserven y acrecienten para mayor gloria del fundador. Nuestra historia está plagada de actos bochornosos, de irresponsabilidades que todavía padecemos; de traiciones, crímenes e indignidades, que muy pocos historiadores han destacado con el vigor que merecen; y si lo han intentado, la pelota se ha vuelto contra ellos, como es el caso de Rufino Blanco y de Pío Gil; a quienes se ha silenciado e infamado con el comprensible propósito de negarles juicio de autoridad.

NARRADOR: Por eso nuestra historia se desliza con dificultad. Como algunos ríos de África, desaparece de pronto, para irrumpir cien kilómetros más allá; o ve cortado su cauce por rápidos y cataratas que dificultan la navegación.

AUTOR: Uno de los mayores problemas que ofrece un film sobre Bolívar, es qué hacer con personajes como Páez, Sou-blette, Santander, Flores, Peña, Padilla y Piar, que fueron sus enemigos. Si el Libertador es el héroe, aquéllos son los malos, los villanos de la película.

Voz 1: La gente no quiere entender que todo aquel que se inmiscuye en el devenir político de un pueblo, hasta el punto de trascender en la historia, no es una persona común, sino que está sujeto a cualquier tipo de análisis, y en particular si su gestión fue negativa.

AUTOR: De existir cielo e infierno, yo me imagino que la justicia divina debe tenerlos parcelados por categorías:


QUERUBÍN: San Pedro, aquí hay un señor que dice llamarse José Gregorio Hernández. ¿Para dónde va? SAN PEDRO: Hay que ver que tú estás bien caído del catre, querubín. A dónde va a ir, sino al cielo de primera. Perdone usted, Doctor Hernández, pero ya no se consiguen ni ángeles... Le tenemos reservado un palco en primera fila junto con el Doctor José María Vargas, Andrés Bello y el Libertador. (Timbrazo de recepción de hotel.) ¡Arcángel, sírvase acompañar al señor a su sitio! (Alzando la voz) ¡El otro! (Hojea documentos mientras murmura) Curita de Charalla-ve, muy caritativo y piadoso, sin antecedentes políticos. (Alzando la voz) ¡Cielo de tercera, tendido de sol! ¡El otro!
(Pausa musical.)

NARRADOR: No pueden esperar los descendientes de los protagonistas de la historia, la misma discreción y silencia-miento de sus defectos que corresponden a los muertos comunes.

Voz 1: Contrasta este silencio cómplice de nuestros escribidores de historia con la cruda objetividad con que los norteamericanos e ingleses enfocan a sus personajes.

Voz 2: Hace poco leí un libro, que luego fue llevado al cine, donde se presenta al mundo la reprobable vida de la señora del presidente Kennedy, héroe no sólo de los Estados Unidos sino del mundo entero por su encomiable lucha por la causa de la justicia y de la libertad.

AUTOR: Me imagino que Satanás, ante casos similares, dirá:

SATANÁS: Infierno de primera para la señora. ¡Quinta paila!

AUTOR: Y es justo que así sea. No es lo mismo la proyección que sobre la Humanidad tiene la vida íntima de un emperador que la de una modesta empleada. El emplazamiento histórico persigue un objetivo profiláctico; que no se repita el caso.

Voz 1: De no haber señalamiento ¿e los crímenes, delitos e irresponsabilidades de los dirigentes de un pueblo, no hay sanción.

Voz 2: De no haber sanción, la gente olvida y repite.

NARRADOR: El juicio histórico no cumpliría en este caso su función profiláctica, que es lo que interesa.

AUTOR: Analicemos un hecho sucedido en tiempos de Juan Vicente Gómez, y digan ustedes si k historia puede callar.


NARRADOR: En plena dictadura gomecista, Venezuela fue sacudida por una noticia: Su Santidad, Pío Nono, además de otorgarle a Juan Vicente Gómez la Orden Piaña, máxima distinción de la Iglesia, lo hacía nada menos que Conde romano, con lo que el tirano quedaba equiparado con los hombres más ilustres de la cristiandad.

Voz 1: Todo fue obra del nuncio Pietro Paolo, que era más adulante que Fulano de Tal...

NARRADOR: Observen ustedes las dificultades intrínsecas que se nos presentan para nombrar a ciertos personajes, si deseamos que este programa siga en el aire...

Voz 1: Ante un desafuero semejante, desde los más altos dignatarios eclesiásticos hasta la crema de la intelectualidad, decidieron guardar un ominoso silencio.

JOVEN: Perdone, usted, Monseñor, ¿pero la Iglesia no va a decir nada?

MONSEÑOR: ¿Y qué podemos hacer, hijo mío?

JOVEN: Lo que los mártires hicieron en tiempos de Nerón.

MONSEÑOR: (Burlón) ¡Qué va, mijito, ya esos tiempos pasaron y león no come cura!

JOVEN: Pero, ¿ni siquiera le van a escribir al Santo Padre sobre quién es Juan Vicente Gómez y de los terribles crímenes que a diario comete?

MONSEÑOR: (Irritado) El Papa es infalible, y si él decidió concederle ese honor al Benemérito por algo será. Y ahora haga el favor de retirarse, porque yo no quiero líos con el gobierno...

NARRADOR: Pero había un curita, en medio de tanta complicidad y cobardía, que sí estaba consciente con sus deberes.

AUTOR: Se llamaba el Padre Franchi. Inspirándome en Pocaterra, lo hago personaje de uno de mis libros.

NARRADOR: El buen sacerdote, haciéndose eco de las protestas del joven, que eran las de toda Venezuela, le escribió un largo memorial al Papa, donde le contaba detalladamente todos los crímenes y desafueros del déspota.

PADRE FRANCHI: Y así termino mi carta al Santo Padre...

JOVEN: No puedo menos de felicitarlo, Padre Franchi. Hombres como usted son los que hacen falta para sacar adelante este país. Ahora no le voy a negar que se me pone la piel de gallina de pensar si le agarran esta carta. Si al pobre cronista social del Universal lo metieron en La Rotunda porque se le olvidó poner el nombre del Dr. Vivas, imagínese lo que pudiera pasarle a usted.


PADRE FRANCHI: No hay cuidado. Dios mediante, todo saldrá bien. Aparte que la carta irá en buenas manos. (Pausa musical.)

JOVEN: (Entra atropelladamente) ¡Padre Franchi, Padre Franchi!

PADRE FRANCHI: ¿Qué te pasa, hijo?

JOVEN: (Sofocado) Su carta... la del Papa... fue interceptada por la policía... y lo vienen a arrestar... Yo estaba al lado del Gobernador cuando dio la orden. Tome, quítese ese balandrán y póngase esta ropa... y vamonos corriendo.

NARRADOR: El Padre Franchi y su joven amigo se ocultaron en una casa vecina hasta que cayó la noche.

FRANCHI: Ya puedo irme.

JOVEN: Pero, ¿qué va a hacer, padre?

FRANCHI: Me voy a ir por el cerro hasta Mare, cerca de Maique-tía. Allá tengo un compadre, muy influyente, que tiene unos barcos que van a Curazao. Estoy seguro de que no me va a negar auxilio. Para algo somos compadres de sacramento.

JOVEN: Bueno, padre, que Dios me lo bendiga y eche palante...

NARRADOR: Al amanecer, el Padre Franchi llegó a casa de su compadre.
(Ladridos, cacareos, oleaje a la distancia.)

COMPADRE: ¡Guá, padre, pero qué sorpresa, tan de mañana usted por aquí! ¿Y qué le pasa que anda vestido de civil?

PADRE FRANCHI: Después le cuento; présteme por los momentos un catre y déme un vaso de agua. Y sobre todo, no le diga a nadie que me ha visto.

COMPADRE: Descuide, padre... Pa'algo somos amigos. Pase usted adelante. (Pasos) Aquí tiene mi chinchorro. Échese que ahora mismo le traigo el agua... (Pasos que se alejan, ronquidos. Pasos que se acercan) ¡Adiós, caraj, se durmió el cura! {Para sí mismo) Umj, esto me parece muy raro. ¡El Padre Franchi sin sotana... y con el aspecto de haber caminado toda la noche! ¡Aquí hay gato encerrado, déjame averigua mejor! (en otra dirección) Oye, vieja, si el cura se despierta, dale qué comer, y si pregunta por mí, le dices que fui a la finquita.


Ronquidos del Padre Franchi. Oleaje. Ruidos rurales. Galopar de caballo que irrumpe en la lejanía, se acerca y frena en el primer plano. Un jinete salta a tierra. Recios pasos.)

COMPADRE: (Bronco y áspero) ¡Despiértese, cura del carrizo!

PADRE FRANCHI: (Despertándose) ¿Eh, qué pasa?

COMPADRE: No se haga ahora el loco, sinvergüenza. Ya en la prefectura me lo contaron todo... ¿A usted no le da pena estar conspirando contra el Benemérito?

PADRE FRANCHI: Pero, compadre...

COMPADRE: No hay peros que valgan... Yo mismo lo voy a llevar preso a la Rotunda... (Alzando la voz) ¡Amárrame a este desgraciado por las manos y le pegas el mecate a la silla de mi caballo! (Latigazo) ¡Y muévase de una vez!

NARRADOR: Y el compadre, a quien llamaremos don César, con el Padre Franchi amarrado a la cola de su caballo, recorrió las calles de Mare y de Maiquetía, trasmontó el Avila, llegó a Caracas y no paró hasta que se detuvo ante las puertas de la pavorosa prisión de la Rotunda.

COMPADRE: Oficial, dígale a Nereo Pacheco que aquí está don César el de Marebajo... y que le traigo de regalo nada menos que al Padre Franchi.

OFICIAL: Pase adelante. (Con indignación) ¡Piazo e'cura del carrizo! (Latigazo. Alzando la voz) ¡Nereo! Aquí te traen al Padre Franchi.

NEREO: (En tercer plano) ¿El Padre Franchi? ¡Pero qué notición! Espérenme ahí, ¡Voy que quemo!
(Pasos apresurados que se acercan.)

NEREO: Conque por fin agarramos al curita. Muchas gracias, don César.

COMPADRE: No hay de qué. Sólo cumplí con mi deber.

NARRADOR: El Padre Franchi, luego de espantosas torturas, fue envenenado con arsénico, mientras el feroz Nerón pulsaba su célebre arpa. La última vez que se le escuchó fue cuando gritaba:

PADRE FRANCHI: Sepan todos que Nereo Pacheco me está envenenando lentamente...

NARRADOR: Al poco tiempo, el cadáver de este héroe olvidado salió, al igual que muchos venezolanos ilustres, por la puerta del Aseo Urbano.

AUTOR: Don César, sin embargo, continuó llamándose don César, luego de su triste proeza. Nadie le dijo nada, ni siquiera le torcieron la cara al verlo pasar. Silenciamos su nombre, no sólo por consideración a sus herederos, sino porque a él, lo mismo que a Nereo Pacheco, cuando llegaron a las mansiones infernales, el Diablo sentenció al verlos:

SATANÁS : Don César y Nereo Pacheco, infierno de tercera...

DON CÉSAR: ¿Cómo que de tercera? Un hombre tan importante como yo.

SATANÁS: ¿Qué vas a ser tú importante? Importante es quien determinó tus maldades. A ése sí le tengo reservada una olla grande en un infierno de primera. Tus maldades son muy chiquitas e insignificantes...

AUTOR: Está de más decir que el Padre Franchi fue ubicado muy cerca de José María Vargas y de José Gregorio Hernández. Sólo que muy pocos lo saben todavía.




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