Según Herrera Luque: "El tiempo del presidente"


AUTOR: Todos los presidentes de la Venezuela democrática se quejan del mismo mal:

PRESIDENTE 1: (Irritado) Yo no sé lo que se cree la gente: metiéndosele a uno como río en conuco, como si no tuviera nada que hacer. (Remedando) Que si tengo que hablar personalmente con usted; que si la semana que viene tengo una parrillada en honor suyo; que hoy se casa la hija del ministro Minservo y debo llevar la niña al altar... ¡Es un abuso!

PRESIDENTE 2: (Sorpresivamente coincidente) Y lo peor es, que si uno se niega pierde la imagen, y dicen que uno es flojo e intratable. Si yo fuera a aceptar las invitaciones que a diario recibo no me alcanzarían las horas del día. (En/atizando) El Presidente de la República tiene mucho que hacer para estar del timbo al tambo, aunque sea para inaugurar acueductos.

PRESIDENTE 3: (Suave y paternal) La gente no se da cuenta, y sería bueno que alguien se lo hiciese saber, que el valor del tiempo presidencial no es igual al de un ciudadano común. (Lastimero) Hay que ver lo que significa para mí una hora de trabajo para estarla perdiendo en necedades. (Alzando la voz) ¡El presidente de la República necesita tiempo para
pensar!

Voz FEMENINA: (Acusativa, retadora) La culpa la tienen ustedes por no amarrarse los calzones y darse el puesto que les corresponde.

PRESIDENTES: (Estupefactos y a coro) ¿Cómo dice? ¿Se puede saber quién es usted?

Voz FEMENINA: (Acre) Yo soy la Vieja Política o, si ustedes quieren, la Buena Forma de Gobernar. El Supremo Mandatario, como lo han reconocido ustedes, no puede estar malgastando su tiempo con tonterías o concediendo entrevistas intrascendentes.

PRESIDENTE 1: (Achicado, confuso) ¿Y cómo hacemos? ¿Y si perdemos popularidad?

Voz FEMENINA: (Áspera) Pues que la pierdan; al fin y al cabo ustedes no son reelegibles en diez años... A la gente no le interesan sus imágenes sino los resultados del gobierno.

NARRADOR: Las Leyes de Indias, que eran muy sabias, estipulaban, como lo podrían ustedes encontrar en la Historia de Venezuela de Rafael María Baralt, que los Gobernadores y ¡ Capitanes Generales de Venezuela no podían dispendiar su tiempo en fiestas y en saraos, ni apadrinar niños.

Voz FEMENINA: No es necesario que una actitud se haga ley para transformarse en costumbre. El Presidente de la República —y eso lo comprende todo el mundo— no puede estar visitando casas ajenas.

NARRADOR: Era tan inusual que un Rey de España visitase una casa, que cuando esto sucedía, el dueño tenía derecho a poner un eslabón en el dintel de su casa.

AUTOR: Los diversos duques de Alba que se han sucedido en medio milenio han sido tan poderosos como el mismo monarca. La casa solariega de estos Grandes de España, en Salamanca, tiene sobre la puerta una cadena de doce eslabones... (Alzando la voz) ¡Doce...! Es decir, en quinientos años los reyes de España traspusieron el umbral de los poderosos magnates dos veces por siglo. Lo que nos da una idea de la importancia que se le concede a la presencia en casa del Supremo Mandatario.

Voz FEMENINA: (Siempre huraña) Aparte de que el Jefe no puede dejarse manosear a cada rato.

Voz MASCULINA: Las pocas veces que visitó una casa particular fue un acontecimiento sonado.

PRESIDENTE 1: (Profundamente convencido) Pero estamos en una era totalmente diferente. Vivimos intensamente la democracia.

Voz FEMENINA: Yo no quiero seguir llevándole la contraria; pero lo cortés no quita lo valiente. No todo fue malo en los períodos predemocráticos y hay que fijarse en lo bueno que contienen. (Vibrante). ¡Poder es distancia y categoría!

AUTOR: En la Unión Soviética de nuestros días se mantiene el mismo ritual y pompa del tiempo de los zares. No me imagino al presidente de los Estados Unidos asistiendo a un garden party en casa de Rockefeller. Los presidentes de México, y entre ellos Luis Echevarría, de quien tuve el honor de ser amigo, no se prodigaban ni en fiestas ni en saraos. Ni siquiera el mismo Ministro de Relaciones Exteriores acudía a las festividades de las Embajadas. Cumplían, por él, los subsecretarios.

NARRADOR: Debemos cuidar el tiempo del Presidente de la República.

PRESIDENTE 2: Dios te oiga, mijito; y sobre todo, que la gente no se caliente, ni nos guarde rencor porque no los podamos recibir personalmente.

PRESIDENTE 3: Eso sería una gran cosa y un paso adelante para que los presidentes de Venezuela incrementemos nuestra eficacia en servir al país.

NARRADOR: Una de las grandes cualidades del pueblo venezolano es su gran receptividad; su capacidad de comprender y modificar una actitud cuando se les habla claro. ¿No es así, amigo radioescucha? ¿A usted le parece correcto que alguien le pida una cita al Presidente de la República, por más amigo suyo que sea, para pedirle una beca o para que le arregle un problema personal?

UNA voz: Estoy totalmente de acuerdo con usted. No es posible que se moleste al Jefe del Estado con pistoladas.

NARRADOR: Muchas gracias, señor, por su apoyo. (Alzando la voz) ¿Se dan cuenta ustedes de que, así como este señor, todo el mundo comprende el problema? Debemos cambiar de actitud frente a los poderes. No sólo frente al supremo mandatario, sino hacia todas las personas que por razones ejecutivas estén demasiado encumbradas.

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