CONCIENCIA DE PERTENECER A UN PAÍS, A UNA PATRIA
Rodolfo Izaguirre

La secretaria de la Academia de Ballet en la que mi mujer Belén se desempeñaba como Maestra era una muchacha muy grata de ver, pero empañaba su simpatía la angustia de saber que un hermano suyo estaba secuestrado por la guerrilla colombiana; …
… Me veía cada mañana cuando acompañaba a Belén hasta la puerta de la Academia y en su mirada podía uno descubrir las tribulaciones del hermano cautivo en las selvas colombianas.
Un día, refiriéndose a mí escuché, sin proponérmelo, que le decía a mi mujer: ¡Él se ve bueno, Belén! … ponderaba más bien unas virtudes morales, espirituales que, en su opinión, harían de mí un esposo ideal.
… “¡Él se ve bueno!” fue lo que dijo también la sociedad civil venezolana cuando el vulgar autócrata bolivariano intentó el golpe de estado contra un presidente demócrata electo también democráticamente y apareció en la televisión diciendo que por ahora el golpe había fracasado. “¡El se ve bueno!”…
Castigamos a los cogollos socialdemócratas y socialcristianos; pero actuamos por impulso,… ¡No se actuó; no actuamos políticamente! El asunto es que no podemos seguir equivocando el paso y en octubre habrá que proceder con el corazón, sí, pero también con el cerebro. Conducirnos políticamente a conciencia de que se esta jugando la vida futura del país. Que está en peligro la conciencia de pertenecer no a un país -que a fin de cuentas es una apreciación geográfica, un territorio-, sino a una patria. Cuando digo Patria lo hago con reserva porque han sido muchos los crímenes que se han cometido invocando su nombre.
“¡El se ve bueno!”, dijo también la sociedad civil cuando en 1908 aclamó a Juan Vicente Gómez para que la librara de los escándalos y desafueros de Cipriano Castro… Se dirá que insisto en mantener vivo el pasado; pero es que el pasado es mucho más vasto, enorme y dilatado que el estrecho presente en el que creemos vivir.
Es más complejo y difícil de entender porque permanentemente vive pisándonos los talones; nos cerca y nos determina. ¡No acaba nunca!
Por eso, Eugenio Montejo dijo que este país ¡no termina de enterrar a Juan Vicente Gómez!...
…Al inaugurar en el núcleo universitario Rafael Rangel de Trujillo la Cátedra Libre de la Lengua que lleva su nombre, Rafael Cadenas recordó que “Gómez tuvo apoyo de la mayoría de los intelectuales -por cierto, talentosos todos- pues ocurre que también en personas inteligentes puede morar la estupidez”…
No supe más de aquella bella pero triste secretaria de la Academia de Ballet ni del destino que aguardaba a su hermano en poder de desalmados como el finado Mono Jojoy; pero desde entonces; mejor dicho, desde siempre, desconfío y abomino de los caudillos, sobre todo si son militares. ¡Pero Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez siguen todavía allí en Miraflores porque, lamentablemente, somos nosotros, los propios venezolanos, quienes los hemos puesto allí!


***

En el transcurso de mi vida hay fechas, unas más destacadas que otras, que han quedado grabadas en mi memoria. Una de ellas es el 14 de diciembre de 1947. Estaba subiendo los 16 escalones de una desamparada adolescencia cuando presencié el glorioso triunfo electoral de Rómulo Gallegos, quiero decir, la primera elección directa, universal y secreta del Presidente de la República, de los senadores y diputados al Congreso Nacional así como de las municipalidades y de las asambleas legislativas de los Estados. Un sufragio infrecuente en la vida política venezolana atormentada por la persistente autocracia militar. Años más tarde, sin embargo, me tocó padecer el caudillismo civil de los cogollos de Acción Democrática y de Copei con el agravante de que de los 45 Presidentes que el país ha soportado desde José Antonio Paez hasta el teniente coronel Hugo Chávez, 33 han sido militares, generales la mayoría y alguno que otro teniente coronel; 8 han sido abogados; 2 médicos (Vargas y Lusinchi); 3 políticos (Ignacio Andrade, Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez) y 2 escritores (Rómulo Gallegos y Ramón J. Velásquez). Gallegos fue el primer venezolano civil en ser electo en sufragio universal.
Y junto a esa fecha que buscaba iniciar en el país y en plenitud una vida democrática estable y permanente surgió otra, dos meses después, los días 17 al 21 de febrero de 1948 cuando en ocasión de la toma de posesión de Gallegos el poeta y folklorista Juan Liscano organizó en el Nuevo Circo de Caracas la Fiesta de la Tradición .... Me enteré que existía un país cultural. ¡No lo sabía! Lo supe justo cuando un presidente era elegido en democracia. Y yo tenía 16 años cuando me enteré que era ciudadano en un país que se estrenaba en la democracia; que a partir de ese momento ya tenía conciencia de pertenecer a una nación, a una patria un término que guarda relación más con el corazón que con un territorio.
Y supe en aquel momento que también debía agradecer al cine no solo que me haya invitado a explorar todos los caminos de la aventura humana, sino a Bolívar Films en aquellos años cuarenta, por haber ampliado mi personal visión del país que soy; de la patria a la que pertenezco … la empresa cinematográfica filmaba la obra de gobierno de los Presidentes de Estado que luego iba a mostrar en las salas de cine de todo el país a través de sus Noticieros.

… Descubríamos un país que insistía afanosamente por emerger del pasado autoritario y militar y en ese sentido adoro haber sido adolescente y haber florecido en edad en otra fecha imborrable porque culturalmente la asocio con aquel febrero que nos permitió constatar que el país venezolano podía ser libre, culto y democrático.
Muchas de las instituciones culturales que existen hoy pero que han sido destruidas o desmanteladas por el régimen militar nacieron a partir del 23 de enero, es decir, otra fecha imborrable dentro de la democracia.

… Desde entonces mantengo, preservo y alimento la conciencia de ser parte del resplandor que genera la democracia y entiendo que mi obligación es defenderla de quienes en todo tiempo la han negado con brutal perversidad. … …me aflige tener que enfrentar a diario el carácter, sensibilidad e idiosincrasia del venezolano que si bien manifiesta una voluntad democrática prefiere que sea otro el que le arregle la vida y entrega generalmente su propia responsabilidad al hombre fuerte de turno, militar y autoritario.

***

Fue tan estrecha mi amistad con Salvador Garmendia que llegamos a ser hermanos. …
… Una vez lo vi tan atribulado escribiendo en aquellos esténciles, ahogado en el tenebroso antagonismo de los protagonistas de Robert Louis Stevenson que le pregunté: “¿Puedo ayudarte en algo?” Salvador levantó la vista de la máquina de escribir y me miró sin esperanza alguna.
Aun resuena en mi memoria la respuesta de mi amigo, uno de los novelistas más esclarecidos del país venezolano: “¡No puedes! dijo. ¡Escribir mal es muy difícil!”
Desde hace doce o trece años he intentado algunas veces separarme de mi hablar cotidiano, que no ofrece mayor mérito que el de apoyarse en una sintaxis normal sin vulgaridades ni refinamientos, para expresarme como se expresan el presidente venezolano y sus seguidores cada vez que deciden insultar y descalificar a sus adversarios y confieso que no lo logro. “¡No me sale!” Me ejercito en lo que no debe hacerse y hago enormes esfuerzos; escribo algunas frases dichas por él o por quien hace las veces de Canciller, me coloco frente al espejo y trato de pronunciarlas... y es inútil. Las digo mal, con balbuceos y sin la altanería y el desprecio que otorgan el poder y la arrogancia desde el trono de un Júpiter vociferante poco dado a la lectura sistemática. (Salvador Navarrete, un médico que llegó a conocerlo bien, asegura que el Caudillo sólo lee fragmentos que trata de atar en su imaginario ideológico, que puede oscilar de un bando a otro) …
… el país camina hacia una alarmante pobreza de lenguaje que terminará privándolo de su herencia cultural. Un país inerme sepultado por un alud de ofensas gratuitas que se ha convertido en la manera grosera de conducir la política. Desde Miraflores se siente que emana hacia el país una gran pereza intelectual, tendencia a la vulgaridad, inclinación a despojar al idioma de su propia belleza.
Se impone entonces la necesidad urgente de tener más conciencia del lenguaje; ser menos indigentes con él; dejar de empobrecernos nosotros mismos puesto que sin lenguaje es imposible expresar ideas y sentimientos.
Sin protagonismo alguno, ofrezco simplemente la aventura del pensamiento como respuesta al autoritarismo y a la vulgaridad. La conciencia de poseer un idioma. Sugiero que para enaltecer la alta magistratura se abandone el escupitajo de la ofensa y se acepte el debate de las ideas si es que quedan algunas que pudieran rescatarse del pantano político y lingüístico en que se ahoga Miraflores. Porque practicar con crispante constancia la vulgaridad y sentirse orgulloso de hacerlo resulta para mí algo tan difícil como fue ¡escribir mal! para Salvador Garmendia.

***

… Lamentablemente, aquel futuro entrevisto a los diez y seis años con Rómulo Gallegos y las danzas folklóricas de Juan Liscano no es otro, que este presente que padecemos y del que tratamos y luchamos cada uno con las fuerzas de que disponemos para convertirlo también ahora en otro futuro similar al que soñaba entonces; al que yo mismo anhelaba entonces.
No estaré para verlo crecer y fortalecerse, pero al menos viviré dentro de poco, en octubre, el comienzo de una nueva edad republicana libre de asperezas y oprobios militares; de torpezas y fracasos gubernamentales; de criminales complicidades con el narcotráfico; el nefasto e imperdonable silencio de los jueces que jamás levantaron su voz para defender a uno de los suyos, … ¿Habrá que esperar un cambio de gobierno para que los jueces pierdan el miedo y recuerden los estudios de derecho que cursaron durante la Cuarta República? ¿Habrá que esperar que el chavismo se anule y se eclipse a sí mismo para que dejen de serlo los que han aceptado la servidumbre de ser esclavos del poder político y para que los adversarios del régimen ejerzan su magisterio con ética y mayor solidaridad? …

Veré también el inicio de una república enaltecida y democrática que volverá a ser mía aunque enfrentada a la titánica tarea de reconstruir y reedificar sus instituciones. Es decir, la difícil pero impostergable tarea de rescatar y devolvernos la extraviada conciencia de la nación que somos pero que hemos dejado en manos de una pandilla de aventureros. Es nuestra culpa: por indecisos, indiferentes, impulsivos; por no haber sido solidarios con el país marginal, ... Pareciera que en el ADN del venezolano acecha la tendencia a pretender vivir alegremente y sea otro quien se ocupe de gobernarnos con mano dura y vergonzosa. ¡Tomar la tragedia con ligereza!
Si hay algo de lo que me avergüenza cada vez que vuelvo la mirada hacia mi mismo y me avergonzaré hasta mi último suspiro es cuando me escucho decir lo que acostumbraba decir años atrás: “soy solidario de la marginalidad, pero la frecuento poco” y me vanagloriaba al decirlo como si estuviese pronunciando la frase más chispeante e ingeniosa.
Esa es mi culpa y ha sido mi contribución al desorden y al desplome que nos abruma bajo el chavismo. ¡Haber sido indiferente! No haber enfrentado con espíritu crítico los abusos y manipulaciones de los cogollos … haber vivido en aquel país ideal con el que soñaba o inventaba; pero sin contribuir efectivamente a fortalecer sus bases y ofrecerle un mejor diseño no a través del ejercicio político, puesto que no es ése mi oficio, sino a través de las revelaciones que pudo haberme aportado la conciencia de pertenecer a una nación, a una patria …

***
No volveré a equivocarme; no repetiré la actitud insolidaria ni la altivez intelectual, egoísta y vanidosa que me hizo mirar hacia otro lado, hacia un lugar que no era precisamente la Venezuela que amo. Mientras persista mi paso por este mundo me empeñaré en convertirla en aquel iluminado país con el que tanto soñaba en la edad de mi irresponsable alegría.

Rodolfo Izaguirre
XIX Festival Atempo
2012

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