Según Herrera Luque: "El baño como protesta"

AUTOR: ¿Por qué los judíos rechazan las ofrendas florales en sus entierros? ¿Por qué los hombres llevan sombreros en las sinagogas? ¿Por qué en ellas no hay imágenes de Dios, y mucho menos de santos? Por la misma razón que los pueblos europeos, y entre otros los hispanos, son tan resistentes al baño.

NARRADOR: Decía muy seriamente un manual de higiene español hace cien años:

ESPAÑOL: Te lavarás manos y pies, dos o tres veces al mes.

AUTOR: La dueña de una pensión en Madrid, allá en la década del 50, a quien un grupo de estudiantes venezolanos le habían recomendado una agraciada compañera, los hizo llamar con suma urgencia a la semana de tenerla de huésped.

DUEÑA: Díganme una cosa, pilhnes... ¿Qué clase de chica es ésta a quien me habéis recomendado?

ESTUDIANTE 1: Una compañera nuestra... muy buena persona...

DUEÑA: (Severa) Pues me barrunto que me habéis metido gato por liebre...

ESTUDIANTE 2: (Alarmado) Pero, ¿qué pasa, doña Catalina?

DUEÑA: (Enfática) Pues, que no parece una mujer decente...

ESTUDIANTE 1: (Ansioso) Pero, ¿qué pasa, mi doña?

ESTUDIANTE 2: ¿Qué es lo que ha hecho?

DUEÑA: ¡Se baña todos los días...!

AUTOR: En la Venezuela de 1930, los venezolanos de rancio o reciente abolengo hispánico —a diferencia del pueblo— eran bastante reacios al baño.

MÉDICO: ¿Cuánto tiempo tiene usted que no se baña, don Tomás?

DON TOMÁS: Seis meses, doctor...

MÉDICO: (Sorprendido) ¡Seis meses! Pero eso e;tá muy mal hecho. Hay que bañarse todos los días; eso es bueno para la salud.

DON TOMÁS: ¡Qué va, mi doctorcito! El que abusa del baño se frunce y se debilita, pues como decía mi abuslo: «La cascara conserva el palo».

NARRADOR: Si hoy es preocupación de todo constructor dotar de un baño por habitación a cualquier modesta vivienda, en la vieja Caracas y otras ciudades de provincia, inmensos caserones de catorce habitaciones tenían apenas un baño, al fondo de la casa, al lado del desván.

MÉDICO: Eso no es nada en comparación cor Europa. Vaya usted a un hotel de segunda categoría y verá fue cuando más tienen un baño por piso y muchas veces ni uno solo en todo el hotel. Hay que ir especialmente a las casas de baños para sacarse el sucio.

Voz 1: ¡Y tan limpios y arregiaditos que se ven esos musiús...!

MÉDICO: Eso es a punta de toalhtas y de mucho perfume; pero de baño riada.

Voz 2: Eso es verdad. Yo una vez bregaba a una belga y opté por retirarme: el pelo le olía a cobija'e loco.

Voz 1: Guá ¿tú no has oído el dicho que dice: «Más hediondo que alemán sudado»?

Voz 2: Y fíjate cómo son las cosas; tanto habla pistoladas del subdesarrollo y del atraso del pueblo venezolano y no hay pueblo más aseado en e! mundo que nosotros.

AUTOR: A los cronistas españoles les llamaba la atención el baño continuo de los indígenas.

NARRADOR: Bernal Díaz del Castillo refiere, como cosa extraña, la exigencia que le hiciera el Emperador Moctezuma a Hernán Cortés de que le permitiese bañarse a diario.

ESPAÑOL 1: (A gritos) El agua para el Emperador...

ESPAÑOL 2: ¿Qué decís, mi buen Bernaí?

ESPAÑOL 1: Que le traigan el agua a! indio que quiere bañarse...

ESPAÑOL 2: (Con sorpresa) ¿Una vez más? ¡Cómo se ve que es un pagano! Habrá que decírselo al señor cura.

NARRADOR: El hedor y la suciedad que imperaban en toda Europa por la falta de baño de su gente, es lo que determina el uso de perfumes y de pelucas.

MÉDICO: Cuentan los entendidos que Luis XIV de Francia, el Rey Sol, tenía un aliento tumbagobiernos y que puso de moda la peluca para ocultar una tina tonsurante que le tenía el pelo como mantel de pobre.

Voz 1: El incienso en las iglesias, aparte su carácter litúrgico, tenía por finalidad ahuyentar la pestilencia.

NARRADOR: Eso es verdad. El gigantesco incensario que hay en la catedral de Santiago de Compostela, llamado el Botafu-meiro, no tiene más objetivo que aligerar el aire mefítico que exhalaban los peregrinos que acudían a la tumba del Apóstol.

MÉDICO: Y con todo lo que hemos dicho, los españoles son los europeos más aseados. Vaya usted del Este hacia el Oeste, para que vea cómo escasea el aseo.

Voz 1: Pero el baño es un aspecto de la cultura y de la urbanidad. Oler mal es un irrespeto a nuestros semejantes; es una agresión odorífera; hay sobacos que matan y patas que parecen de Roquefort. Yo creo que es un derecho decirle a alguien que huela mal: «Mire, señor, póngase debajo del brazo sábila con sal y restriegúese con un estropajo, pues usted no puede obligarme a que lo huela.»

NARRADOR: Tiene usted razón; si la cultura se define por la serie de normas que rigen las relaciones entre los hombres, el mal olor del sudor, por su irrespeto a los demás es sinónimo de subdesarrollo.

ESPAÑOL: Pero, para que os calléis de una vez, me permito recordaros que somos los pueblos más cultos y evolucionados los que menos nos bañamos.

MÉDICO : Los norteamericanos son muy aseados y de baño diario y son los dueños del mundo. ¿Qué me responde a eso?

AUTOR: Hay otros pueblos de gran cultura como los romanos y los árabes que hacían del baño diario no sólo un acto higiénico sino un rito. Ahí están las célebres termas de Caracalla, en Roma, y los maravillosos baños y piscinas de La Alhambra, en Granada, sede de los reyes moros. Allí está precisamente el meollo del asunto. Los fanáticos cristianos de los primeros tiempos, para afirmarse ante los paganos, hicieron exactamente lo contrario de lo que ellos hacían.

NARRADOR: Si los judíos se cubren al entrar en las sinagogas, ellos se descubren; si se abstienen de enviar flores en los entierros, ellos al ofrendar coronas se hacen eco contradictoriamente de los romanos, que incineraban a sus muertos entre flores y maderas olorosas.

AUTOR: Si árabes y romanos hacían del baño un rito, seguir con el hábito en tiempos del cristianismo armado, y particularmente cuando la Inquisición hacía de las suyas, era hacerse sospechoso de herejía.

Luego de tantos siglos de afirmación por contrarios, y de hacer del desaseo profesión de fe, ésta se hizo costumbre y la costumbre ley. Quizá por eso, como humilde protesta contra la avasallante Europa, nuestro pueblo se baña y se baña con emoción e interés.

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